Etimología:
Según algunos autores, la
voz pirata viene del latín pirāta, que por su parte
procedería del griego πειρατης (peiratés) compuesta por πειρα, -ας
(peira), que significa 'prueba'; a su vez deriva del verbo πειραω (peiraoo),
que significa 'esforzarse', 'tratar de', 'intentar la fortuna en las
aventuras'.
Otros autores abogan por que
proviene del griego pyros ('fuego'). El fundamento que se alega es
que tras un acto típico de amotinamiento en un barco, para eliminar cualquier
tipo de pruebas y toda posibilidad de buscar culpables finalmente se le prendía
fuego, no sabiendo por tanto quién había muerto en la trifulca y quién no,
resultaba prácticamente imposible encontrar algún culpable si se daba a todos
por desaparecidos. Siendo por tanto el término pirata equivalente a incendiario.
En este sentido, el término pirata fue usado con anterioridad como actos
puntuales de amotinados y saqueadores y no sólo referente al mar. Cuando esto
era así aún no existían piratas en el concepto que más tarde se implantó. Como
suele suceder en todas las épocas, una voz aplicada para denominar a un
determinado colectivo, en base a un determinado hecho, se acaba generalizando a
un rango mayor y menos específico y aplicando a todo saqueador en general, y
más específicamente a los saqueadores del mar (toda vez que existían múltiples
voces para designar a los «saqueadores de tierra»), quemara ya, o no, el barco.
Cuando más adelante en el tiempo los saqueadores se organizan surcando el mar y
no necesariamente como resultado de un amotinamiento, tienen la necesidad de
reparar su propio barco (dañado por los ataques o por lo embates del mar) y por
supuesto de apropiarse el ajeno. Sin embargo, el barco abandonado en la mayoría
de los casos seguía siendo incendiado.
A partir de entonces la voz ha
sufrido muchos cambios, perdiendo la exclusiva como sinónimo
de incendiario. La voz pirata provenía originariamente de la pirotecnia y
de los inevitables accidentes asociados por los artesanos que militar o
civilmente ocurrían de cuando en cuando. No hay que olvidar que la pirotecnia
fue introducida en Occidente por los árabes en la forma de fuegos
artificiales y que esto tomaron en parte de Asia y en parte remanente
del esplendor romano. La voz no aparece antes de la invención de la pólvora y
es notable que durante los siglos en que duró la piratería de forma «oficial»,
los progresos en pirotecnia quedaron estancados, siendo estos siglos los XVI,
XVII, XVIII y mediados del XIX. Lo que se supone es debido a que los
gobiernos monopolizaron la industria de la pólvora.
Al hablar de piratas, resulta más
propio desde un punto de vista histórico hablar más de navíos que de
barcos. No obstante, a fecha de hoy usamos ambiguamente barco como
sinónimo de casi cualquier embarcación.
Este término califica a las
acciones llevadas a cabo por personas en embarcaciones y, desde mediados del
siglo XX, en aviones, para retener por la fuerza a las tripulaciones y
pasajeros, así como a los propios transportes. Esta definición es dada por
organismos como la ONU o la Real Academia Española. Sin
embargo, varios autores expertos en piratería, como el alemán Wolfram Zu
Mondfeld, amplían la piratería a aquellos ataques realizados desde el mar
contra buques y posiciones en tierra para robar o conquistar, pero sin hacerlo
en nombre de ningún Estado, al menos oficialmente.
Los términos filibustero y bucanero,
más específicos, están relacionados con la piratería en el Mar Caribe.
Historia
Las zonas de mayor actividad de
los piratas coincidían con las de mayor tráfico de mercancías y de personas.
Las primeras referencias históricas sobre la piratería datan del siglo
V a. C., en la llamada Costa de los piratas, en el Golfo
Pérsico. Su actividad se mantuvo durante toda la Antigüedad. Otras zonas
afectadas fueron el Mar Mediterráneo y el Mar de la China
Meridionol.
Grecia y Egipto
Aunque los datos no son muy
abundantes, por los mitos sabemos que los griegos clásicos fueron buenos
piratas. Uno de los más famosos fue jason , quien guio a los Argonautashasta La Cólquida en busca del Vellocino de oro, lo que, aunque no entre en
la definición española de piratería, para algunos es, sin ningún género de
dudas, un acto de piratería (personas que vienen por mar para robar).
También Ulises u Odiseo, según las traducciones griega o latina,
realizó varios actos de piratería en su regreso a Ítaca, como narra Homero en la Odisea.
Con estos dos ejemplos podemos
ver una constante que se repetirá a lo largo de los siglos. Los piratas son, en
muchas ocasiones, considerados héroes nacionales en sus países, pese a
practicar lo que en tierra se llamaría robo y secuestro. Especialmente en una sociedad como
la griega, donde el oficio de las armas era reconocido y estimado, un motivo
que llevaba a glorificar, en lugar de denostar, actos como el citado de Jasón.
Debe tenerse en cuenta que el oficio de mercenario, si bien es verdad que es llevado a
cabo en tierra, no tenía connotaciones negativas como las tiene actualmente.
Uno de los piratas griegos más
famosos de los que sí se tienen referencias fue Plutarco
de Samos, quien en el siglo VI a. C. saqueó toda Asia Menor en diferentes expediciones y
llegó a reunir más de 100 barcos
También los egipcios
consideraban piratas a los Pueblos del Mar porque su principal
expedición invasiva se dio por vía marítima y con la finalidad de efectuar
saqueos. Sin embargo, muchos otros autores no comparten esta clasificación
porque los Pueblos del Mar sólo fueron marineros en el último momento de su
historia.
Roma
Trirreme romano en un mosaico
tunecino.
En la época final de la República, los
piratas en el Mediterráneo llegaron a convertirse en un peligro, desde sus
bases primero al sur de Asia Menor en
las montañosas costas de Cilicia y más tarde
por todo el Mediterráneo, puesto que impedían el comercio e interrumpían las
líneas de suministro de Roma.
A diferencia de siglos
posteriores, los piratas de la Antigüedad no buscaban tanto joyas y metales
preciosos como personas. Las sociedades de aquella época solían ser en su
mayoría esclavistas, y la
captura de personas para ser vendidas como esclavos resultaba una práctica
altamente lucrativa.5 Pero también se buscaban piedras
preciosas, metales preciosos, esencias, telas, sal,tintes, vino y
otros tipos de mercancías que solían transportarse en los barcos mercantes,
caso de los fenicios.6
Uno de los casos más conocidos
de piratería contra las líneas de navegación lo protagonizó Julio César, que llegó a ser prisionero de
los piratas
cilicios (75 a. C.). Plutarco en Vidas paralelas cuenta que el jefe
cilicio estimaba el rescate en 20 talentos de oro, a lo que el joven César
le espetó: «¿Veinte? Si conocieras tu negocio, sabrías que valgo por lo menos
50». El cautiverio duró 38 días, en los cuales el rehén amenazó a sus captores
con crucificarlos. Finalmente el rescate se pagó y el futuro cónsul de Roma fue
liberado. Pero César cumplió su amenaza, y cuando recobró la libertad organizó
una expedición, pagada con su propio dinero, durante la que apresó a sus
captores y los crucificó a todos.5
La piratería, sobre todo la
perpetrada por piratas cilicios, alcanzó niveles preocupantes para Roma hacia
el final de la República. En el 67 a. C., el senado romano nombró aPompeyo procónsul
de los mares, lo que significaba que se le otorgó el mando supremo del Mare
Nostrum (el Mar Mediterráneo) y de sus costas hasta 75 km mar adentro. Se le concedieron todos
los ejércitos que se encontrasen a las costas del Mediterráneo, contando así
con unos 150.000 efectivos, así como el derecho de tomar del tesoro la cantidad
que necesitase. Finalmente, se le proveyó con una flota bien pertrechada. En
diversas operaciones eliminó en cuarenta días a todos los piratas de Sicilia e Italia y, tras el asedio y toma de Coracesion,
a los piratas de Cilicia, acabando así, en cuarenta y nueve días, con los
piratas de la zona oriental del Mediterráneo. Asimismo debe apuntarse que
dichos piratas sólo presentaron la resistencia imprescindible para poder
solicitar una rendición honrosa.
La Edad Media
Artículos principales: Alta Edad Media y Baja Edad Media.
Siguiendo la división historiográfica clásica podemos dividir a
la Edad Media en Alta y Baja. En la primera, los piratas protagonistas
fueron los vikingos y los árabes; en la segunda, el centro de atención
se desplaza más hacia el Mediterráneo Oriental y la creciente expansión
del Islam.
Piratería en el Mar Adriático[editar · editar
código]
Artículo principal: Pagania
Pagania fue un territorio
poblado por la tribu eslava conocida como los narentinos (neretljani)
en una zona del sur de Dalmacia (en la actual Croacia), al oeste del río
Neretva (Narenta). Eran conocidos por su destreza marítima y su dedicación a la
piratería.
Los vikingos
Rutas y años de la era vikinga.
Aunque este pueblo permaneció
sumido en luchas internas durante varios siglos, en 793 realizan
el primer ataque en la costa norte de Inglaterra y dos años después en Irlanda.
Desde esa fecha hasta poco
después del año 1000, los pueblos del norte efectuaron todo tipo de incursiones
en el mar del Norte,
el Cantábrico y
el Mediterráneo (tanto oriental como
occidental). El radio que alcanzaban sus excursiones fue aumentando
progresivamente, según crecían sus conocimientos de la costa y los ríos
navegables. Así, entre otras acciones, podemos reseñar:
793 primer
ataque en las Islas Británicas.
820 ataque
a los actuales Países Bajos.
840 ataque
a la península Ibérica.
No existe una postura unánime
entre muchos de los historiadores de la razón que llevó a algunos hombres del
norte, no a todos, a ir de saqueo (vikingo viene a significar 'el que va a
saquear', o también 'el que merodea por las costas').7 Los vikingos no solían vincular sus acciones
a otros ideales que no fueran el conseguir riquezas, esclavos o tierras donde asentarse, ni
tampoco solicitaban algún tipo de permiso a una autoridad superior que
justificara sus acciones, como sería posteriormente el caso de los franceses e
ingleses con sus patentes de corso. No obstante, la formación de grandes
partidas para realizar ataques costeros coincide al menos con la época en que
en Escandinavia la población comenzó a
organizarse en reinos más o menos extensos y consolidados.
Modelo de barco vikingo.
Las expediciones vikingas solían
formarlas decenas o cientos de buques navegando y atacando juntos; en
contraposición con otras anteriores y sobre todo con las posteriores en
el Mar Caribe, donde lo frecuente eran ataques de
pocos barcos o incluso de uno solo. Debe tenerse en cuenta que un drakkar vikingo podía transportar unos 32
o 35 hombres, como lo atestigua el Barco de Oseberg encontrado en
la granja Oseberg de Vestfold, Noruega en 1903.8
Un ejemplo de estas expediciones
lo tenemos en las crónicas sobre la primera incursión vikinga a la península Ibérica en
el 840. Un número indeterminado de naves
bordearon la costa asturleonesa hasta llegar a la actual Torre de Hércules (su
gran tamaño debió de parecerles importante) y saquearon la pequeña aldea
emplazada a sus pies. Ordoño I tuvo
noticias de la expedición y condujo a su ejército contra los vikingos, a quienes derrotó recuperando buena
parte del botín y apresando o hundiendo entre sesenta y setenta de sus naves,
lo que quizá no constituía ni la mitad de la fuerza desplazada por la
expedición, como demuestra el hecho de que siguieron su campaña de saqueos.
En Lisboa los cronistas hablan de una
escuadra compuesta por 53 bajeles.
Los vikingos supieron unir a sus
grandes dotes marineras la sorpresa y la no poca ferocidad en el uso de la
espada. Sin embargo, este pueblo goza de cierta leyenda rosa en lo que a sus
dotes militares respecta. Se tiene la idea de que eran los más terribles
guerreros europeos o mundiales de la época, siempre dispuestos a luchar hasta
la muerte con la esperanza de sentarse a la mesa en el banquete de Odín, tras haber tenido el privilegio de morir
con la espada en la mano. Frente a esta leyenda, la historia muestra hechos
donde se ve que, como cualquier pirata, atacaban aquello que creían poder
conquistar y en muchas ocasiones huían o se rendían. Un ejemplo lo aporta su
primera incursión en Al-Ándalus, donde
tomaron Cádiz y subieron de nuevo por el Guadalquivir, saquearon minuciosamente Sevilla desde la que lanzaron
avanzadillas a pie. No obstante, cuando Abd Rahman II salió con sus hombres y,
tras algunas batallas, los vikingos vieron que no podían con la fuerza
andalusí, aquellos huyeron, abandonando Sevilla y a muchos rezagados, quienes
se rindieron a las fuerzas del emir y terminaron, o
bien criando caballos y haciendo queso, o bien con el viejo castigo para la
piratería: ahorcados, en este caso de las palmeras de Tablada.9 La horca para los buitres del mar sería
posteriormente casi institucionalizada por los captores de piratas y también
por artistas en sus obras, como el poeta español José de Espronceda lo
inmortalizaría en obras como la Canción del pirata con sus versos
Y al mismo que me condena
Colgaré yo de una antena
Quizá en su propio navío.
Colgaré yo de una antena
Quizá en su propio navío.
Tampoco es cierto que aquellos
hábiles marineros vencieran la mayoría de las veces. Sí se sabe que
arrasaron París y York o
que se adentraron tierra adentro y capturaron al rey de Navarra, García Íñiguez,
en el asedio de Pamplona en el 858,
por ejemplo. Pero, como ya se ha indicado, Abdel Ramán II les infligió una
seria derrota, como meses antesRamiro I de Asturias durante
la misma incursión y también su hijo, Ordoño I, que marchó contra la segunda
expedición por tierras hispanas. Más contundente fue el condeGonzalo Sánchez, quien terminó con toda la
flota de Gunrod de Noruega (Gunderedo, en
español); el conde Sánchez capturó y pasó a cuchillo a toda la tripulación y a
su rey.9Pero quizá la derrota más contundente se la
infligió Harold Godwinson,
heredero del trono inglés tras la muerte sin descendencia de Eduardo el Confesor;
aquel defendió sus derechos frente al pretendiente noruego Harald Hardrade y
su flota de 300 naves (más de 10.000 hombres) en la Batalla del
puente Stamford en 1066,
donde cayó el propio monarca pirata.8
Los vikingos muestran otra
constante en la piratería. Pese a ser considerada siempre una profesión de
hombres (con prohibición expresa en algunos casos de embarcar mujeres), las
féminas siempre participaron en y dirigieron expediciones, navíos y flotas.
Así, numerosas naves normandas eran mandadas y tripuladas en su totalidad por
mujeres. Es el caso de Rusla la doncella roja, hija
del rey Rieg y hermana de Tesandus, que fue desposeído de su trono por el rey
Omund de Dinamarca. La muchacha primero armó un barco y con el tiempo se hizo
con una flota entera, con la que atacó a todas las naves danesas que pudo, para
vengarse de la afrenta inferida a su hermano. En contra de lo que se podría
pensar, fue Tesandus quien la capturó, tras el naufragio de su drakkar, y la
sujetó por sus trenzas mientras sus hombres la mataban con los remos (el rey
Omund había conseguido atraer bien al príncipe hacia su causa después de
adoptarlo).
No se sabe con certeza la causa
o causas que terminaron con los ataques vikingos. Algunos autores opinan que la
aceptación de la fe cristiana hacia el año 1000 por la mayoría de ellos atenuó
su deseo de atacar a sus correligionarios. También se apunta a que las
incursiones sólo constituían una moda y que cesaron cuando ya no fueron
novedad. De cualquier modo, los reinos nórdicos deseaban cada vez más abrirse
al resto de países de Europa y comerciar con ellos en lugar de invadirlos. Como
ejemplo está el caso del rey castellano Alfonso X El Sabio,
que casó a su hermano Fernando con la princesa Cristina de Noruega el
31 de marzo de 1252 porque dicho matrimonio era
conveniente tanto para Alfonso X como para Haakon IV.10
El Índico medieval
Dhows mozambiqueño en el océano
Índico. Los dhows son embarcaciones tradicionales árabes muy parecidas a las
utilizadas por ese pueblo en tiempos de los abásidas, cuando fueron diestros
piratas y navegantes.
Si nos atenemos a la distancia
de sus rutas, los árabes fueron los mejores navegantes de su época. Ya en el
siglo IX fueron capaces de abrir la mayor ruta comercial conocida entre
la península Arábiga y China,
muy por encima de las travesías vikingas por Europa.11
La expediciones árabes buscaban
tres cosas: materias primas que pudieran luego trabajar o vender, productos de
Oriente para negociar y esclavos que vender. Aunque otros o esos mismos árabes
atacaban asimismo barcos para apoderarse de su mercancía. La zona más peligrosa
era y continuó siendo el estrecho de Malaca,
donde los buitres del mar campaban a sus anchas. No debemos pensar que los
ataques piratas eran perpetrados sólo por árabes, también participaban en ellos
gente de las islas y penínsulas índicas.
Guardando algunos parecidos con
las de los griegos, sin ser el mismo caso, las singladuras árabes han llegado a
la cultura universal a través de cuentos de cierto carácter mitológico,
especialmente por las aventuras de Simbad el marino. Para el escritor Jordi Esteva, en esos cuentos y relatos están
plasmadas todas las regiones visitadas por los árabes en sus travesías, bien es
verdad que mitificadas con relatos de monstruos gigantescos. Así, en el siglo
IX bajeles de Yemeny la actual Arabia Saudita habían abierto rutas
por Persia, India y
China en Asia y toda la costa este africana, inclusive las costas de Madagascar. En este último continente crearon
uno de los sultanatos más importantes, pero no el único, enZanzíbar, desde el que se canalizaba buena
parte del oro, maderas valiosas, pieles exóticas y marfil exportados por elGran Zimbabue ya desde tiempos de
los fenicios.12
Dado que los africanos no
disponían de muchos productos elaborados, las principales acciones de piratería
consistían en la captura de esclavos para ser llevados a la península Arábiga.
Los otros productos igualmente se rapiñaban, pero era más corriente la compra a
los nativos. Debe tenerse en cuenta que África, en razón de enfermedades como
lamalaria, fue un continente casi vedado a los
no africanos. Pero esta actuación pirática de toma de esclavos por la fuerza
fue sustituida progresivamente por la compra a negreros africanos. Esta
conducta fue una práctica muy común y muy sangrante para los reinos del África negra, comenzando el debilitamiento de
sus estructuras que posteriormente aprovecharían los europeos. Fueron estas
actuaciones de los piratas/negreros árabes lo que contribuyó a expandir el
Islam en África. Debido a que las leyes islámicas no permiten la esclavitud
entre musulmanes, muchos africanos se convirtieron a esa religión para
salvaguardar su libertad.
El Mediterráneo
La situación vivida por los
pueblos europeos occidentales tras la caída del Imperio romano hace que la
navegación marítima se reduzca antes de la formación del Imperio carolingioy
tras su caída en todo lo que es el Mediterráneo Occidental, pero sin desaparecer
por completo. En la parte oriental de este mar, la comunicación continúa y con
ella la actividad pirática.
Autores como Wolfram Zu Mondfeld
incluyen a Roger de Flor,
caballero y aventurero de Brindisi, entre los no
muchos piratas documentados de la época en esa parte del mundo. La inclusión de
Roger de Flor se debe a su carrera naval antes de comandar a los almogávares y entrar al servicio del rey
de Sicilia.1
En 1291 Roger
de Flor marchó a la última cruzada y pronto se reveló como un gran marino. Una
de sus famosas acciones fue la evacuación con su flota de toda la nobleza de San Juan de Acre; ya sea por haber pedido
rescate, haber subastado los puestos o porque la aristocracia franca utilizó sus influencias para
lograr una plaza. Con sus naves llenas de adinerados nobles logró llevarlos
a Marsella sanos y salvos.
Durante los 20 años siguientes
luchó al servicio del rey Federico II de
Sicilia hasta que fue reclutado por el emperador de Bizancio Andrónico II y mandó a los almogáraves en
sus victoriosas batallas contra los turcos. Saqueó Quíos y se estableció en Galípoli hasta
ser llamado y asesinado por el Emperador con 300 de sus hombres durante un
banquete en su honor. Esto hizo explotar en sus hombres la famosa Venganza catalana al aterrador grito de
«¡Desperta ferro!».
Pese a todo, el gran poder
corsario de este mar aún estaba formándose y emergiendo en Asia Menor. La progresiva
expansión del Islam, primero por los árabes en todo el Norte de África y
después con los turcos en las costas asiáticas, iba a originar toda una serie
de señoríos y sultanatos que rápidamente adquirirían fuerza y tamaño, hasta
llegar a convertirse en un peligro sin igual para los reinos cristianos de
Italia, España y en menor medida las órdenes militares que gobernaban en islas
como Chipre, Rodas y Malta.
Debe tenerse en cuenta que los árabes y también los berberiscos consideraban
una forma de Guerra santa la
piratería contra los infieles (véase más adelante).
Los vitalianos
Reproducción de una coca, típica nave medieval del mar Báltico.
La piratería europea a finales
de la Edad Media la protagonizaron los ya
expuestos berberiscos en el
Mediterráneo, que comenzaban a crecer en importancia, y los Hermanos de las
vituallas en el mar del Norte.
Las ciudades del mar Báltico y
algunas de la parte oriental del mar del Norte empezaron a unirse
comercialmente hacia el año 1200 para regular primero y controlar después el
comercio por esa zona. Con el tiempo se terminó formando una cofradía de
ciudades portuarias, llamada la Liga Hanseática y comúnmente conocida
como Hansa, a la que terminaron perteneciendo
muchas urbes bálticas, principalmente alemanas. Las ciudades cooperaron para
defender su independencia de los príncipes territoriales vecinos, asegurarse
importantes privilegios comerciales y protegerse contra piratas y corsarios.
En el siglo XIV, Dinamarca y
Mecklemburgo se disputaron el control de Suecia. La reina Margarita I de
Dinamarca y de Noruega, invitado por nobles suecos, ganó en una batalla contra
el impopular rey de Suecia Alberto III de
Mecklemburgo y le encarceló en 1389. Suecia, con la excepción
de Estocolmo, cayó en manos danesas. Entonces
Mecklemburgo incitó a los corsarios dañar a Dinamarca. Las ciudades
mecklemburgueses pertenecientes a la Hansa, Rostock y Wismar, se abrieron al comercio con los corsarios (1391).
Sin embargo, la mayor ciudad hanseatico Lübeck apoyó a Dinamarca. En general, la
Hansa no osaba tomar partido en este conflicto. De un lado la piratería comenzó
a causarle grandes daños, del otro lado una victoria danesa hubiera acabado en
el control danés de importantes rutas maritimas.
Los corsarios mecklemburgueses
lograron varias veces aprovisionar la ciudad asitiado de Estocolmo con
alimentos y otros necesidades para continuar su resistencia, así que los
corsarios se convirtieron en vitulianos o hermanos de las vituallas (del
latín victualia). Con el tiempo los valerosos corsarios, que arriesgaban
sus barcos y sus vidas para mantener con vida a la población de Estocolmo se
degeneró progresivamente, cuando sus actividades volvieron a la simple
piratería. Como sería después en el Caribe, los vitalianos acostumbraban a
repartir el botín obtenido en partes iguales y a formar algo parecido a una
sociedad sin clases. De ahí que también se les
llame Likendeeler ('igualitarios').
Su influencia fue grande al fin
del siglo XIV y en las primeras décadas del siglo XV y lograron varios actos
destacados en los actuales Países Bajos, Alemania e incluso Francia. A la
cabeza de este grupo se puso una especie de triunvirato formado por Gödehe
Michelsen (también conocido por Gödeke
Michels o Gö Michael), Wigbad (asimismo
llamadoWigbold o Wikbald) y Claus
Störtebekker (Störtebecker para los alemanes). La
comunidad había conquistado Visby y Gotland y allí prosperaron entre 1394 y
1398, cuando fueron expulsado por el Orden
Teutónico. Konrad
von Jungingen dirigió a 4.000 armados teutónicos en 84 naves
contra los vitalianos, acabando con aquel «paraíso báltico». Algunos lograron
escapar, entre ellos los tres dirigentes, que buscaron refugio en el señorío
de Kennon
ten Brooke, en las costas de Frisia. Este aristócrata estaba enfrentado con la mayoría
de sus vecinos y aceptó de buen grado la entrada de aquellos piratas, que
podían hostigar a sus enemigos.
La segunda expedición contra la
hermandad vitaliana se llevó a cabo en 1400 por los capitanes
hamburgueses Albrecht
Schreye y Johannes
Nanne, que atacaron a los vitalianos en la desembocadura del Ems,
matando a 80 y decapitando a otros 36. Al año siguiente, Nilolaus
Shoche atacó la desembocadura del Weser terminando
con 73 de aquellos piratas.
La suerte seguía en contra de
los vitalianos, Jungingen empezó a cambiar su actitud hostil contra sus
vecinos[cita requerida] y
se reunió en Hamburgo con varios
dignatarios, donde manifestó su deseo de apartarse de aquellos individuos.
Entonces muchos de estos piratas se retiraron a Noruega, pero Störtebekker decidió quedarse y
seguir atacando naves entre las islas de Helgoland y Neuwerk, pero sus días estaban contados. El
jefe de la escuadra hanseática, Simón
de Utrecht, disponía de una de las mejores naves que habían surcado
aquellas aguas hasta entonces, la Bunte Kuh, y junto a
otras Carabelas de la paz, como se las llamaba a las naves contra los
piratas bálticos, emprendió varias acciones contra Störtebekker y sus hombres.
En las más exitosa camufló a sus
naves como embarcaciones mercantes y logró engañar al pirata, siempre muy
precavido. Este a su vez atacó la escuadra por la vanguardia y la retaguardia;
pero cuando se dieron cuenta de que se enfrentaban a las potentes Carabelas
de la paz era ya tarde. Cayeron 70 piratas, entre ellos Störtebekker. Los
otros dos compañeros del alemán lograron escapar, pero fueron capturados en la
siguiente salida de la nave Bunte Kuh. Pero, como en tantos otros casos,
la imagen del pirata Stöttebekker ha quedado en la cultura popular alemana como
una especie de héroe regional, conservándose en los museos la copa que
utilizaba para beber, un cañón de su barco, o siendo nombrado socio póstumo de
algunas asociaciones y clubs alemanes.
La captura de los demás piratas
vitalianos se produjo en 1433, en las aguas del Mar Báltico y Mar de Norte. En
aquella ocasión fue el aristócrata frisón Edzart
Zirksena quien firmó definitivamente la paz con Hamburgo,
permitiendo que Simón de Utrecht saliera nuevamente con sus naves y terminara
con los últimos reductos de la piratería báltica. El capitánSibeth
Papinga y sus hombres fueron capturados y decapitados,
terminando así con el problema pirata.
Edad Moderna
Tres acontecimientos
relacionados marcan la piratería tras la Caída de
Constantinopla hasta la Revolución francesa:
El descubrimiento de
América por España.
La exclusión de Inglaterra, Francia y
más tarde Países Bajos tras
el reparto de todas esas tierras entre España y Portugal por el Tratado de
Tordesillas (bendecido por bula papal).
Las inmensas riquezas halladas
en el Nuevo Mundo.
Una cuarta circunstancia, no tan
unida a las anteriores, la constituyó el creciente poderío musulmán,
especialmente turco, en todo el Mediterráneo.
Los corsarios berberiscos
Artículo principal: Piratería berberisca
Aruj,
también conocido como Baba Aruj o Barbarroja.
Desde muy antiguo —como
atestigua la campaña llevada a cabo por Julio César contra los piratas— y
organizadamente desde el siglo XIV, el mar Mediterráneo conoció
numerosas incursiones de piratas y corsarios turcos y berberiscos que atacaban las naves y
costas europeas en medio del conflicto entre el Cristianismo y el Islam, que culminó con
la conquista cristiana de Granada y
la turca de Constantinopla,Chipre y Creta.
Los berberiscos contaban con los
importantes puertos de Tánger, Peñón de Vélez
de la Gomera, Sargel, Mazalquivir y los bien defendidos
en Túnez y Argelia,
incluso Trípoli, desde
los que atacar cualquier punto del sur europeo y refugiarse con rapidez
llevando los rehenes por los que se pedía rescate.
Debe tenerse en cuenta que la
piratería a naves cristianas era considerada por los berberiscos una forma
de Guerra Santa y, por tanto, noble y
ejemplarizante.
Desde estas fortalezas, los
berberiscos atacaban los puertos del sur de la península Ibérica, el
archipiélago de las Baleares, Sicilia y el sur de la península Itálica.
Tanto es así que el cronista Sandoval escribió: «Diferentes corrían las cosas
en el agua: porque de África salían tantos corsarios que no se podía navegar ni
vivir en las costas de España».13
Puede sorprender que un peligro
tan grande durara tantos siglos, especialmente sabiendo que aquellos puertos no
eran partes de un Estado centralizado (el poder de los sultanes era nominal) y
el tribalismo predominaba en la región, dividiendo las fuerzas frente a un
ataque de Europa. Autores como Ramiro
Feijoo puntualizan que aquella región tenía un escaso o nulo
valor económico para las monarquías de Zaragoza o Valladolid. Sin embargo, la situación cambió
con la firma de la Paz de Lyon en 1504 y
los ataques berberiscos a Elche, Málaga y Alicante en 1505.
Los especialistas consideran un
error pensar que la península Ibérica sufría muchos más ataques que la Itálica.
No obstante, la primera contaba con el conocimiento de la lengua, las costas y
las costumbres de los andalusíes que habían abandonado la península con
la Reconquista. Muchos de ellos se convirtieron
en guías, lenguas, aladides, leventes o incluso capitanes13 y, ya en tierra, contaban con la
connivencia de los otros andalusíes que reclamaban, e incluso varios musulmanes
actuales siguen reclamando, aquella tierra invadida como suya. De esta manera,
las viejas incursiones medievales, como la cabalgada o
la algarada, vuelven a practicarse desde el mar.
En los primeros años del siglo
aparece un personaje que, apoyado por los gobernantes otomanos y bereberes, se dedicó a atacar
numerosas naves europeas, principalmente españolas e italianas: era Aruch
Barbarroja. Este corsario llegó incluso a recibir de manos del rey
de Túnez, en 1510,
el gobierno de la isla de Yerba, desde donde siguió organizando pillajes
y ataques, tales como la conquista de la ciudad de Mahón en 1535.
Tras su muerte, su hermano Jeireddín,
que había heredado de él el apodo de Barbarroja, llegó a empequeñecer la
leyenda de Aruch. Tanto es así que el Abate de Brantone, en su libro sobre
la Orden de Malta,
escribió de él: «Ni siquiera tuvo igual entre los conquistadores griegos y romanos.
Cualquier país estaría orgulloso de poder contarlo entre sus hijos.»1
La mayor parte de las naves
berberiscas eran galeras de poca
altura, propulsadas por remos. Los remos eran bogados por multitud de esclavos
no musulmanes, algunos raptados de países europeos y otros comprados en el
África Subsahariana. La galera generalmente tenía un solo mástil con una vela
cuadrangular. Las acciones berberiscas fueron aumentando en número y osadía,
llegando a tomar posesiones en Ibiza, Mallorca y en la propia España peninsular con
ataques en Almuñécar o Valencia.14 Bien es verdad que muchas de estas
acciones culminaban con éxito gracias a la cooperación que los argelinos y
tunecinos obtenían de los moriscos, hasta que fueron
expulsados por Felipe III.
Pese a ser el Atlántico el principal foco de atención
de los Austrias, las acciones en el Mediterráneo
nunca se descuidaron. Actualmente toda la costa mediterránea española está
todavía jalonada por torres de vigilancia (desde donde una siempre divisa otras
dos) y torres de guardia para defender las costas (un ejemplo es Oropesa del Mar, en Castellón).
Estos piratas dieron origen a una frase que ha perdurado desde entonces: «No
hay moros en la costa». Lo mismo que las acciones de la que hoy llamaríamos
sociedad civil, para aliviar el sufrimiento de los cautivos y sus familias con
la fundación de la orden de los Mercedarios dedicados únicamente a reunir
rescates.
Pero no se debe caer en la idea
de que los reyes españoles se limitaban a desplegar una estrategia defensiva.
Las operaciones que culminaron con la toma de Túnez y la de Argel por Carlos V y Juan de Austria, incluso la misma Batalla de Lepanto protagonizada
por este último estratega, fueron los principales y más grandes intentos de
combatir esta piratería que suponía un auténtico martirio para España y otras
naciones europeas.
El apogeo de la piratería
berberisca llegó en el siglo XVII. Gracias
en parte a las innovaciones del diseño naval introducidas por el renegado
cristiano Zymen
Danseker, los corsarios norteafricanos extendieron sus ataques
prácticamente por todo el litoral del Atlántico Norte. De esta época datan
ataques tan al norte como en Galicia, las islas Feroe e
incluso Islandia. Es posible que incluso alguno de
estos barcos hubiese alcanzado las costas de Groenlandia de forma puntual. En el siglo XVIII la práctica, lejos de
decrecer, se mantuvo e incluso aumentó en algunos momentos gracias a la
disminución del dominio marítimo español sobre el Mediterráneo occidental con
la pérdida de Orán y Mazalquivirdurante la Guerra de
Sucesión Española de 1700–1714.
Las acciones de los piratas
berberiscos no remitirían hasta comienzos del siglo XIX, cuando países como Gran Bretaña,
Francia y Estados Unidos cesaron de pagar tributos a los reyes berberiscos y
comenzaron a realizar campañas de castigo contra la base pirata de Argel. Ésta
vio destruida gran parte de su flota en 1816,
y en 1830 cayó ante las fuerzas francesas, que
la usarían como punto de partida para crear la colonia de Argelia a lo largo del siglo siguiente.
La presión internacional y la decisión del Imperio otomano de acabar con esta
práctica, llevaron al fin de la piratería en Marruecos, Túnez y Tripolitania en
los años siguientes.
Los corsarios cristianos[editar · editar
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Los corsarios cristianos también
atacaban los navíos musulmanes bajo las órdenes de los reyes cristianos. Desde
las posesiones españolas de Italia solían
reclutar militares para ejercer de corsos en el mar Egeo y el Norte de África. Los navíos españoles, al mando de
veteranos de las guerras imperiales de los Austrias, operaban unas veces por su
cuenta dando caza a los bajeles musulmanes, y otras se agrupaban para asaltar y
saquear ciudades e islas. El más conocido de estos corsarios es Alonso de Contreras,
que además dejó en su autobiografía (Vida del capitán Contreras) un relato
pormenorizado de las luchas que vivió entre 1597 y 1630.
Los franceses descubren el oro
de las Indias[editar · editar código]
Como se ha indicado
anteriormente, todas las naciones europeas, excepto España y Portugal, quedaron
fuera del reparto de tierras y comercio con las colonias americanas; este sólo
lo podía realizar la Casa de Contratación con
sede en Sevilla.
Pese a que durante muchos años
los monarcas de España y Portugal trataron de mantener en secreto lo
descubierto en América, en 1521 piratas franceses a
las órdenes deJuan Florin lograron
capturar parte del famoso Tesoro de Moctezuma,
abriendo toda una nueva vía para asaltos y abordajes en busca de fabulosos
botines. Tanto es así que alcabo de San Vicente los
españoles comenzaron a llamarlo El cabo de las Sorpresas.14
Sin embargo, los españoles
aprendieron pronto a defenderse de los piratas franceses, más tarde ingleses, y
empezaron la construcción de los impresionantes galeones, mucho más armados que los navíos
piratas y preparados para frustrar el abordaje con una descarga de sus enormes
piezas de artillería.
Ante éstos, los corsarios
franceses y algunos pocos españoles enrolados con ellos probaron a cruzar el
Océano y asentarse en las islas del Caribe donde pudieran atacar pequeños
barcos y poblaciones indefensas. Es el caso de Diego
Ingenios y Jacques de Sores, que sitiaron Nueva Cádiz y llegaron a capturar a su
gobernador, Francisco Velázquez. También es el caso de la ciudad hondureña de Trujillo, que fue saqueada y
arrasada por los piratas en varias ocasiones pese a los refuerzos enviados
(sorprende que con tantos ataques siga existiendo en la actualidad).
El corso inglés
Más tarde surge como nuevo
pirata la figura del corsario inglés, una
clase social sui géneris, especializada en el robo marítimo, en el saqueo de
ciudades, puertos y mercancías. Los corsarios disfrutaban de lo que se
llama patente de corso, es decir, «licencia para robar y saquear» con la
autorización explícita del rey u otro gobernante. Esta patente era privilegio
de Inglaterra y Francia, que tenían a sus corsarios
institucionalizados y cuya actividad se convierte en lícita en tiempos de
guerra. De esta manera, los piratas clásicos se van haciendo corsarios, que es
una postura más cómoda, pues actúan siempre dentro de un orden legitimado y
bajo la protección de la ley.[cita requerida]
La percepción de los corsarios
depende obviamente del observador: para los atacados son simplemente piratas, o
mercenarios sin escrúpulos, mientras que para sus connacionales son patriotas e
incluso héroes.[cita requerida] En
Inglaterra, la piratería se convirtió en un negocio legítimo. Fue Enrique VIII el
primer monarca que expidió las patentes de corso. Más adelante, la reina Isabel I se
convertiría, por este medio, en «empresaria marítima», otorgando las patentes a
cambio de parte del botín conseguido.
Asimismo debe tenerse en cuenta
que estos corsarios muchas veces eran comerciantes que vendían productos muy
necesarios para los colonos y compraban a buen precio los artículos que éstos
debían vender exclusivamente a la Casa de Contratación. Por lo tanto, en muchas
ocasiones, la presencia permanente de piratas en el casi despoblado Caribe
insular era bien vista, e incluso necesaria, tanto para los habitantes como
para las élites españolas residentes en América.14 Es el caso de John Hawkins que vendió esclavos traídos
desde África y compró especies a mucho mejor precio que el pagado desde
Sevilla.1
En algunos casos, después de
expirada la licencia o acabada la guerra, los corsarios vuelven a actividades
privadas como ricos burgueses que incluso son condecorados. En Inglaterra
existen monumentos levantados a algunos corsarios, considerados como héroes. El
más famoso de los corsarios del siglo XVI es, sin duda, Francis Drake, insigne almirante, honrado por
su reina en agradecimiento a los servicios prestados y elevado a la categoría
de sir. Sobrino de otro pirata, también
ennoblecido por la reina, sir John Hawkins, juntos asaltaron Veracruz en 1568, cuando aún carecía de
fortificaciones. Drake tiene en su haber el más cuantioso botín registrado en
la historia: dos buques españoles que transportaban oro y plata americanos
desde Nombre de Dios,
lo que le supuso que Isabel I lo armara caballero.[cita requerida]
Sir Walter Raleigh inició en 1617 una
expedición en la Guayana (actual Venezuela), donde esperaba descubrir minas de
oro, y tomó posesión de parte de ese país en nombre de Inglaterra; pero tras
destruir algunos establecimientos españoles en el río Orinoco, fue detenido a solicitud de Felipe III de
España.
Sin embargo, no todos los
corsarios consiguen el título de caballero. Algunos de ellos, una vez acabado
el conflicto que propició la expedición de su patente, continúan su actividad
convertidos en simples piratas.
El siglo XVI será un siglo de fomento entre
los corsarios y piratas, del asalto y captura de los galeones españoles y el
apresamiento de sus hombres. En Dover se
llegan a pagar 100 £ en
pública subasta por hidalgo capturado.[cita requerida]
Surge igualmente una actividad
nueva: los piratas o corsarios se hacen negreros y se apoderan en África de seres humanos para vender y
esclavizar. Figura del esclavista británico más sobresaliente de este momento
es el ya citado John Hawkins, que pobló de negros africanos toda el área
del Caribe.[cita requerida]
En 1709,
110 corsarios al mando de Woodes Rogers y Stephen
Courtney (el famoso William
Dampierre, «el pirata literario», que ya había estado en Guayaquil integraba también el grupo)
entran en Guayaquil y se presentan como «negreros», y al ver el miedo dibujado
en el rostro del corregidor, Jerónimo de
Boza y Solís, no sólo exigieron 40.000 pesos de rescate por dos rehenes que se
llevaron, sino que se entregaron al pillaje durante cinco días, llegando a
acumular 60.000 pesos en joyas y dinero a más de una enorme cantidad de víveres
y objetos.
La piratería en el Caribe
español
La Ruta
de las Indias que seguían las embarcaciones españolas, cruzaba
el océano Atlántico rumbo
a Cuba o a La Española. De estas islas partían rutas
hacia el continente: a Veracruz, Portobelo, Maracaibo y Cartagena de Indias.
Durante los primeros siglos del
dominio español en América, los piratas intentaban, y en muchos casos lograban,
robar valiosos cargamentos de oro y otras mercancías procedentes del Nuevo
Mundo abundaron en el Mar Caribe, que
presentaba un lugar ideal para la actividad por su abundancia de islas en las
que los piratas podían refugiarse. Hay que tener en cuenta que los Reyes Católicos permitieron en 1495 a
todos sus súbditos tripular naves a las recién descubiertas Indias, lo que hizo
que muchas embarcaciones se lanzaran al Atlántico sin la debida preparación,
siendo fácil presa para los lobos del mar.15
Felipe II ordenó
que ningún barco hiciera la Ruta de las Indias sin protección para evitar el
ataque de los piratas a los navíos españoles. Para ello optó por la formación
de convoyes en los que las carabelas y
las naos eran escoltadas por los
poderosos galeones y carracas, llamado Sistema de
flotas y galeones. Este sistema constituyó un gran éxito si nos
atenemos a la proporción de flotas fletadas (más de cuatrocientas) frente al de
flotas atrapadas (dos), que da un porcentaje de capturas de un 0,5%, y ninguna
de estas dos se debió a la acción de los piratas o corsarios, sino a la de
Marinas de guerra pertinentemente armadas.15
En cualquier caso, en el siglo
XVII el trópico de la América hispana se convirtió en el escenario donde
actuaban a destajo los lobos del mar, a menudo amparados por los grandes países
de Occidente (principalmente Inglaterra, Francia y Holanda).
Como se ha indicado, se llamó
corsarios a los que actuaban por cuenta de sus reyes, quedándose con parte del
botín. Por su lado, los simples aventureros y ladrones fueron conocidos con el
nombre genérico de bucaneros, pues sus
tripulaciones se nutrían de habitantes de las islas que
preparaban y vendían carne al bucán, es decir, ahumada. Sembraron el
terror y la desolación en las poblaciones situadas en el Golfo de México y el Caribe.
Veracruz, San Francisco de
Campeche, Cuba, Santo Domingo, Cartagena de Indias, Honduras,
Venezuela, Panamá y Nicaragua fueron los lugares más castigados, víctimas de
saqueos, asaltos y asesinatos.
Resaltan las figuras del
galés Henry Morgan, de
los franceses El Olonés (de
nombre Jean David François de Nau) y Michel de Grammont ,
el holandés Laurens de Graff, Lorencillo(llamado
así por su corta estatura; otros hacen referencia a él como Lorent
Jácome), todos ellos piratas sin escrúpulos. Los peores asaltos que se recuerda
fueron: Maracaibo por El Olonés, Veracruz por
Grammont y Lorencillo y Puerto Bello por
Morgan. Estos lugares azotados y desprotegidos no contaban con ninguna defensa
por parte del Imperio español de
ultramar.
Pero esta situación fue
cambiando a medida que las colonias iban aumentando en población, y la
metrópoli fue invirtiendo en la flota, defensas y guarniciones. De esta forma,
a finales del siglo XVI los principales piratas y corsarios habían muerto o
estaban prisioneros:
Thomas Cavendish fracasa en una
expedición y fallece en 1592 posiblemente aguas
fuera de la isla Ascensión,África.
David Middelton fracasa también
en las Azores.
George Clifford perdió 14 de sus
28 naves salidas de Plymouth en la
Operación Raleigh en 1595;
entre ellos cayeron John Hawkins y Francis Drake.
Sir Walter Raleigh fue
condenado a muerte, sufrió suplicio y fue posteriormente decapitado en 1618.
El historiador británico J. B.
Black lo expresó en una frase con tintes nostálgicos: «Los formidables
escuadrones de corsarios, que antaño asolaron el Caribe, habían desaparecido».16
La decadencia de la piratería
caribeña
Fuerte de Cartagena de
Indias, Colombia. Las impresionantes fortificaciones
de esta ciudad fueron reparadas y reforzadas por los mejores arquitectos
españoles, como Juan de Herrera.
El desastre de la Armada Invencible produjo en España, y en especial en Castilla, una sensación de pánico ante la indefensión
frente a un posible contraataque de Inglaterra y las Provincias
Unidas, lo que llevó a los procuradores a atender las demandas
de Felipe II que
solicitó y obtuvo 8 millones de ducados para nuevas naves y fortificaciones.
Este nuevo impuesto fue conocido como Los millones y resultó terrible
para los españoles en general y los castellanos en particular, especialmente
para las clases más humildes, pero la cantidad fue abonada con creces.17
Al año siguiente de la Armada
Invencible, los ingleses atacaron Galicia, cosechando una terrible derrota. Al
mismo tiempo, las fortificaciones en América, como la inexpugnable Cartagena de Indias,
fueron reforzadas por los mejores arquitectos del Imperio (como Juan de Herrera), poniéndole la tarea mucho
más difícil a los piratas.
El bucanero representa la
degradación de la idea romántica del pirata.
En el siglo XVII aparece una serie de
aventureros que llenan las costas americanas y que van en busca de fortuna. Son
mercaderes y negreros, bandidos y contrabandistas. Navegan por iniciativa
propia pero con dispensa pública de sus gobiernos respectivos. Se dedican casi
exclusivamente al saqueo de las riquezas obtenidas por los españoles, para su
propio provecho. A estos nuevos piratas, en España, se les llama herejes
luteranos por sus actividades, que se consideran no sólo ilegales, sino
violadoras de la fe católica. Tenían su cuartel general en las colonias
de Barbados yJamaica. Esta llegó a ser la isla más rica y
fuera de la ley del mundo. Los piratas se adueñaron de esas costas por espacio
de 200 años.
Algunos autores, películas y
obras literarias consideran que la piratería fue un factor decisivo en la
decadencia del Imperio español. Así Gonzalo Torrente
Ballester, en su novelaCrónica del rey
pasmado, pone en boca de un personaje que la única preocupación para
que la Flota de Indias llegara entera a Cádiz era que los corsarios ingleses no
llegaran primero.18 Sin embargo, esa opinión no es unánime
y muchos autores estiman que «la piratería tuvo muy poca influencia en la
marcha del Imperio».
Wolfram ZuMondfeld1 opina que la causa del empobrecimiento
la tuvo la opresión económica creada por el monopolio de comercio con la
metrópoli, monopolio ostentado por la Casa de Contratación. A esto ZuMondfeld
une la limitada capacidad productiva de España, que no podía atender todas las
demandas de utensilios, herramientas, enseres y demás mercancías demandados por
unas colonias que la superaban en mucho en extensión y población.
Germán Vázquez Chamorro hace
hincapié en que muchos de los más famosos piratas (como Anne Bone o Mary Read)
realmente atacaban barcos pesqueros o chalupas de escaso o nulo valor para la
corona española.19
Este mismo autor, comentando el
libro de Lucena Salmoral Piratas, corsarios y filibusteros,20 indica que la piratería descendía con
las firmas de tratados de paz, que hacían menos necesarios a los buitres
del mar. Así pasaban de los honrosos corsarios a filibusteros y finalmente a
viles piratas, a los que persiguieron y castigaron sin piedad en los siglos
XVII y XVIII, cuando ya no eran necesarios.
Mariano González-Arnao hace ver
que la posibilidad de que un barco pirata con 20 ó 30 hombres pudiera capturar
un galeón con 168 arcabuceros (más artilleros y marineros) sólo se puede dar en
obras de ficción.15
J. B. Black se suma a estos
puntos de vista de la siguiente manera:
En las guerras entre España e
Inglaterra, únicamente el ataque a las naves sueltas tuvo algún éxito.
Las Flotas del Tesoro triunfaron por su perfecta organización y
porque los españoles tenían un perfecto servicio de información. Admitamos que,
aparte de las presas menores, los marinos ingleses sólo en una ocasión pudieron
interceptar o apresar una de aquellas codiciadas flotas.
Fuerte de Cartagena de Indias,
Colombia. En contra de la creencia popular, ni los piratas ni los marinos de
otras naciones pudieron llegar a capturar siquiera el 1% de las flotas que
salieron desde el puerto caribeño.
En opinión de estos
historiadores, el empobrecimiento causado por los bandidos del mar, pese a
tener puntos de verdad, es más una deformación fruto de la literatura y la
filmografía.
En la Isla de la Tortuga (frente
a las costas de Haití, rodeada de islotes,
lo que hace que, a veces, sea mencionada en plural como Las Tortugas), los
bucaneros tuvieron una base internacional durante los siglos XVII y XVIII.
Formaban una asociación llamada Cofradía
de los Hermanos de la Costa. No se conoce el preciso origen de esta
cofradía, pero se sabe que llegó a elaborar una constitución que regiría sus
vidas. Se presume que era transmitida por tradición oral, ya que no se han
encontrado registros escritos al respecto. Tales preceptos son:21
— «Ni prejuicios de nacionalidad
ni de religión». En este punto, la coincidencia es general. Convivían
perfectamentecatólicos con protestantes e ingleses con franceses. Se
privilegia la individualidad como materia de crítica. Las guerras europeas y
sus odios no llegan a la Isla de la Tortuga.
No hay países, hay hermanos, pero cabe destacar que existían diferencias
lingüísticas que separaban a algunos grupos.
— «No existe la propiedad individual».
Entendiéndose por esto la propiedad de un determinado terreno. Quiere decir que
la isla es de todos y para todos; cabe destacar que los barcos de la cofradía
tampoco tenían un propietario fíjo.
— «La Cofradía no tiene
injerencia en la libertad de cada cual». Quiere decir que no habría impuestos
ni imposiciones de trabajos forzados ni código penal. Cualquier problema entre
hermanos debía solucionarse solamente entre ellos. La participación en
travesías es completamente voluntaria y no existirá obligación alguna cuando
llegue la hora de componer tripulaciones o armar un ejército.
— «Si un cofrade abandona la
sociedad, jamás será perseguido». Esta ley permitía libertad absoluta para
abandonar la cofradía en cuanto su integrante lo decidiera o volver a entrar si
lo quería.
— «No se admiten mujeres». Esta
ley sólo se aplicaba a la restricción de mujeres blancas en la isla, ya que
representaban un tipo de propiedad individual. Esta ley evitaba que se formaran
formas de vida estables que pusieran en peligro la libertad adquirida. Sólo se
admitían mujeres negras y esclavas, puesto que las esclavas no eran
consideradas personas que pudiesen «apresar» a un hombre en tareas indignas
para un hermano.
El espíritu libertario de esta
hermandad se modeló necesariamente en las propias características de las vidas
que habían llevado sus componentes: proscritos, forajidos y a los tipos más
crueles que se presentasen, gente por lo general perseguida, atormentada y
desarraigada, formularon leyes
que fomentaban la libertad de su propia sociedad. Los nombres más
conocidos de esta época son los de Michel de Grammont, Pierre
Legrand, Henry Morgan, El Olonés, Rock el Brasileño, Bartholomew Roberts y Edward Low. Muchos colonos insatisfechos con
el provecho que sacaban a sus tierras y deseosos de enriquecerse con rapidez,
se les unieron en sus hazañas.
Pintura de Jean Leon Gerome
Ferris (1863–1930), que interpreta la batalla entre Barbanegra y el teniente
Robert Maynard.
Lo más curioso de esta
constitución es la total ausencia de deberes. La Cofradía sólo teme a la
omnipotencia, la dictadura, la tiranía. Los nuevos integrantes eran
bienvenidos, ya que esta sociedad se hacía más fuerte cuanto más numerosa.
Hubo un pirata con vocación de
escritor, llamado Alexander
Olivier Exquemelin, que ha dejado un verdadero tesoro histórico en
su obra Los piratas de América o Bucaneros de América. Describe
a los piratas, la geografía por donde se movían, la historia de muchos de
ellos, sociedad, costumbres y recompensas.
Otro tipo de bandidos del mar
fueron los «filibusteros»,
especialistas tanto en el robo y pillaje de barcos españoles como en introducir
mercancías de contrabando, sobre todo en Cuba y en las islas cercanas. No hay
unanimidad respecto al origen de la palabra. Unos la derivan del inglés free booter, merodeadores del mar.
Otros afirman que puede venir del nombre de los buques ligeros fabricados en la
zona de Las Tortugas, muy veloces por su proa afilada, por lo que eran
llamadas fly-boats y a los que los españoles llamaban filibotes.
Existe una tercera versión, más inverosímil, que sostiene que pudo surgir de
una hermandad pirata fundada en Las Tortugas, la hermandad de los hijos de los
botes o filiboat. En cualquier caso, se trataba de tipos sin escrúpulos
como sus anteriores colegas, pero tenían costumbres distintas, pues esta nueva
especie liquidaba rápidamente el botín conseguido para empezar de nuevo la
aventura del pillaje. Tenían a gala un lema: «Contamos con el día en que
vivimos y nunca con el que habremos de vivir». Belice fue un importante refugio filibustero durante
el siglo XVII. Aunque pertenecía a la Capitanía General de Guatemala, los filibusteros encontraron fácil
acomodo allí al estar su costa resguardada por arrecifes y de difícil acceso a
través del continente.
A partir del año 1697, parte de
la piratería se trasladó a América del Norte y parte al continente asiático,
al mar Rojo y la costa de Malabar, con su base de operaciones en la isla
de Madagascar. En Asia, el nuevo escenario es
el mar de la India.
El corso británico vuelve a tomar la patente y surgen figuras como Avery y
Kidd. En el Extremo Oriente persiste la actividad de piratas portugueses,
holandeses y británicos y sus andanzas visitan los mares de la India, China,
Japón, Malasia y Borneo.
En toda esta selva de piratería
hay un personaje insólito que representa el auténtico romanticismo pirata.
El Capitán Misson,
de nacionalidad francesa, era un idealista, preocupado por la justicia, por
construir un estado utópico en alguna isla del Océano Índico. Se ha dicho de él
que es un equivalente al Quijote en el mundo
de la piratería. Sus biógrafos cuentan que siempre repartía equitativamente el
botín entre su gente y que dejaba en libertad al capitán de la nave apresada.
Misson aparece sólo en la obra de Charles
Johnson, cuyo cuento de Misson no conviene con los datos
disponibles; por eso, la mayoría de los historiadores de la piratería
consideran a Misson un mito.
Piratas del pacífico español
siglo XVII[editar · editar código]
Año 1600. Oliverio van Noort. Conocido
en España como Oliverio Nort.
Año 1615. Joris van Spilbergen. Conocido
en España como Jorge Spilberg.
Año 1624. Jacques L'Hermite. Conocido
en España como Jacobo Heremita Clerk.
Año 1643. Hendrick Brouwer. Conocido en España como
Enrique Breaout.
Edad Contemporánea[editar · editar
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El fenómeno de la piratería ya
estaba muy disminuido a medida que los Estados podían fletar armadas nacionales
sin recurrir a los corsarios. Al mismo tiempo, la progresiva organización y
fortificación de las colonias y colonización de nuevas tierras como África
cierra las posibilidades a los buitres del mar de atacar posiciones en tierra.
Sin embargo, la piratería
continúa existiendo.
Siglo XIX: las costas chilenas[editar · editar
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Al producirse la guerra de
independencia de Chile, los habitantes del archipiélago
de Chiloé tomaron partido por el bando realista y
se enfrentaron a los independentistas en el territorio continental. Además, a
partir de 1817, el gobernador de las islas, Antonio Quintanilla,
le dio patente de corso a Mateo Mainery y su bergantín General
Quintanilla para que hostilizaran a los mercantes chilenos. A principios
de 1818 la independencia de Chile estaba consolidada, pero Chiloé no pudo ser
derrotado entonces y las andanzas de corso contra los chilenos y la piratería
contra barcos de otras banderas se extendieron hasta 1824.
Siglo XIX: piratería en Estados
Unidos[editar · editar código]
A partir de 1850 los
piratas son aún más acosados con la ayuda de adelantos técnicos y militares.
Los ladrones del mar se ven impotentes, sobre todo ante el avance de los medios
de comunicación y el aumento en el calibre y la precisión de las organizaciones
defensivas.
En la América hispana se mezclan
los idealistas, contrabandistas, mercenarios y negreros y luchan al lado de los
independentistas que quieren liberarse de la Corona española. Actúan
desde Florida, donde los filibusteros
estadounidenses acosan los barcos españoles. Los historiadores ven en este
proceder un antecedente para la guerra de
Cuba.
Bandera de Florida. Desde esta
península americana salieron varias expediciones de filibusteros
estadounidenses.
Los investigadores y analistas
de la piratería señalan que éste no es un asunto resuelto aún y que sigue
actuando de maneras diversas.
A mediados del siglo XIX, una
nueva ideología se une a las anteriores compartidas en mayor o menor medida por
los piratas. Es laDoctrina
del destino manifiesto invocado por el gobierno estadounidense.
Siguiendo esta doctrina, y teniendo en cuenta que la práctica totalidad de la
superficie continental estaba dominada y anexionada, América Central era el
próximo objetivo de los norteamericanos y el modelo era el Estado de Texas.
El caso texano consistió en
inmigrar al territorio mexicano, proclamarlo independiente en violación del
juramento de lealtad al gobierno mexicano, vencer al ejército mexicano
(incluido el capítulo de la Batalla de El Álamo profusamente
mitificado por los estadounidenses) y, una vez obtenida la plena soberanía,
anexarlo a Estados Unidos.
De acuerdo con Juan A. Sánchez Giménez, éste resume: parece un
maquiavélico plan bastante premeditado y en cierto modo lo era.22
Siguiendo el éxito anterior,
Estados Unidos pretendía crear un imperio tropical, especialmente en los
Estados del Sur, que formaría los efímeros Estados
Confederados de América. A este fin se prestaron hombres de mar
como John
Quitman o Narciso López, de origen venezolano, que
planearon invadir Cuba, proclamarla independiente de España y unirse a la
emergente potencia mundial.
Personas como los citados
volvieron a poner en uso el viejo término de filibustero sin ninguna
connotación peyorativa en aquella época.
Quizá el más famoso de todos
aquellos filibusteros, pese a su corta vida, sea William Walker, quien realizó tres
expediciones para tomar distintas partes de América Central.
En la primera de aquellas
incursiones y a sus 28 años conquistó La Paz, capital de la península de
California, en 1853 con 45 hombres y
proclamó la República de la Baja California. Poco después la uniría a la
recién creada República de Sonora, proclamándose él como presidente. El
ejército mexicano lo derrotó y cruzó a Estados Unidos por la frontera. Fue
juzgado y en el jurado se puede apreciar la influencia de la Doctrina del
Destino Manifiesto, pues sólo tardaron un minuto en decidir que era inocente de
haber provocado una guerra ilegal.
En 1855 se
lanza a la conquista de Nicaragua con sus
58 Inmortales, 170 nicaragüenses y 100 norteamericanos. Vence al ejército
nicaragüense el 1 de septiembre; pero en esta ocasión se muestra más prudente y
nombra como presidente a Patricio Rivas. Pero el resultado no dista
mucho del anterior, Nicaragua es invadida por 2.500 hombres de Costa Rica y Walker es vencido en Santa
Rosa y Rivas. Posteriormente se celebran elecciones, pero las elecciones son
amañadas por Walker y éste sale elegido.
Sin embargo, esta serie de
acciones son vistas como peligrosas por países centroamericanos al percibirlas
como una amenaza para su soberanía, y los ejércitos de Costa Rica y El Salvador
lo derrotan y huye en 1857. En noviembre vuelve a
ser juzgado en Estados Unidos y se vuelve a apreciar la creencia estadounidense
de estar en su derecho de querer anexionar esas tierras, pues Walker es
absuelto.
En su tercera expedición a Honduras en 1860 no
tiene tanta suerte y es capturado por Nowel
Salman de la Marina Real Británica.
Fue juzgado en Honduras y fusilado ese mismo año.
Pese a ser acogido como un héroe
en los Estados del Sur, Walker actualmente es un olvidado en Estados Unidos, no
así en Centroamérica, donde las guerras contra él pueden ser, como indica Juan
A. Sánchez Giménez, el equivalente a las Guerras
de la Independencia del resto de las ex-colonias españolas que
los pueblos de América Central no vivieron.22
Piratería en los siglos XX y XXI
El MV Sirius Star.
Durante el siglo XX, la
piratería, ejercida de forma sistemática, está concentrada a reductos del Tercer Mundo. Los países que, se estima,
albergan más piratas son Somalia, Indonesia y Malasia. En especial alrededor de Asia y
en particular en el estrecho de Malaca,
un estrecho canal entre estos dos últimos países y Malasia. En 2004,
los gobiernos de éstos tres países acordaron incrementar la protección de las
naves que lo atravesaban.
En el siglo XXI, los ataques piratas se realizan con
apoyo del GPS y se dedican a robar las cámaras
digitales y otros objetos de valor a los turistas.20 Su zona de actuación siguen siendo las
mismas que en el siglo XX (sureste asiático, el Cuerno de Áfricaprincipalmente),
donde los Estados no tienen verdadera jurisdicción y, a veces, ni siquiera el
poder para controlar a sus fuerzas, ya sean de seguridad o armadas.
Los actos llamados de piratería
para barcos de gran tonelaje son muy escasos en el Atlántico, buena parte del
Pacífico y de gran incidencia en la costa oriental de África.23 La piratería también afecta a las
aguas de Somalia y Nigeria y, en menor escala, en algunas
costas de América del Sur.
Se pueden citar:
Lancha con piratas somalíes a
bordo.
Entre 1994 y 1995, Canadá y España mantuvieron una disputa,
llamada guerra del fletán,
cuando la marina de guerra del primer país atrapó y remolcó a uno de sus
puertos a un pesquero de altura español cuando faenaba en aguas
internacionales. El gobierno canadiense acusó a los pescadores españoles de
expoliar el caladero de fletán negro.
España consideró este apresamiento como un acto de piratería, a lo que
respondió con el envío de un patrullero de altura de la Armada. Por su parte, Canadá amenazó con
considerarlo un acto de guerra y unos pescadores ingleses capturaron otro
pesquero español e izaron en él la bandera canadiense.
En 1995 varios barcos españoles
apresaron un pesquero francés por faenar con redes ilegales de un kilometraje
superior al permitido. Como en el caso anterior, Francia lo calificó como un
acto de piratería.
En 2008 piratas somalíes capturaron,
en el océano Índico,
el buque petrolero más
grande jamás secuestrado: el Sirius Star, que transportaba dos millones de
barriles de petróleo a los Estados Unidos.23
Producto de los continuos actos
de pirateria en la zona, la Quinta Flota de los Estados Unidos desplegada en la zona
anunció la creación de una fuerza marítima multinacional denominada CTF-151
para enero de 2009 para enfrentar dicha situación. En ella participarán 20
países y el área de operaciones comprenderá el Golfo de Adén, el Mar Rojo, elOcéano Índico y
el Mar Arábigo, ya que
sólo en el 2008 se registraron alrededor de una centena de naves atacadas en
las cercanías de la costa de Somalia.24 Por su parte, los piratas somalíes,
autodenominados en un principio como «Guardia Costera Voluntaria de Somalia»,
la mayoría pescadores, denuncian que los verdaderos bandidos del mar son
los pescadores clandestinos que saquean nuestros peces, en clara alusión a los
barcos pesqueros de países desarrollados, y recuerdan a su vez, el grave
problema de contaminación que sufren debido al vertido de sustancias
contaminantes (radioactivas entre ellas) que estos países realizan en su
litoral.25
En cambio, la piratería es un
problema casi endémico en las aguas del sureste asiático. Para luchar contra
ella, Japón y otras naciones de la zona
realizan maniobras para entrenar a sus fuerzas en la lucha contra la piratería
y el rescate de embarcaciones, como la llevada a cabo a principios de febrero
de 2007.26
Asimismo, la piratería aérea ha
tomado protagonismo en los siglos XX y XXI.
Referencia popular[editar · editar
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En la imaginación moderna, los
piratas eran rebeldes. Grupos inteligentes que operaban fuera de la ley y
la burocracia de la vida moderna. La imagen
de los piratas se asocia frecuentemente con el izado de la Jolly Roger, nombre de la tradicional bandera
de piratas europeos y americanos, y un símbolo que ha sido adoptado por las
grandes producciones cinematográficas y en la creación de peluches y juguetes.
Democracia pirata[editar · editar
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Artículo principal: Código de
conducta pirata
A diferencia de las
tradicionales sociedades occidentales de la época, muchas tripulaciones de
piratas caribeños de descendencia Europea operaban como democraciaslimitadas. Las comunidades Pirata
fueron las primeras que instalaron un sistema de controles y contrapesos
(checks and balances) similar al usado hoy día por los Estados Unidos de
Norteamérica y muchos otros países. El primer registro de dicha forma de
gobierno de una organización pirata data del siglo XVII.
Tanto el capitán como el oficial
de intendencia eran elegidos por la tripulación; ellos, por
turnos, elegían a los otros oficiales de la embarcación. El capitán de un barco
pirata era a menudo un fiero luchador en el que los hombres podían depositar su
confianza, más que una figura de autoridad tradicional. Sin embargo, cuando no
estaban en batalla, el peso de la autoridad solía recaer en el oficial de
intendencia. Muchos grupos de piratas compartían totalmente el botín; incluso
los piratas heridos en batalla recibían una compensación monetaria como si de
un seguro médico o de discapacidad se tratase.
Hay registros de la época que
indican que muchos piratas colocaban una porción de sus riquezas en un fondo
central que se usaba para compensar las lesiones sufridas por la tripulación.
Las listas muestras unos pagos estandarizados de hasta 600 piezas de a ocho
(156.000$ de la actualidad) por la pérdida de una pierna, a 100 piezas
(26.800$) por perder un ojo. A menudo, todos estos términos fueron acordados y
escritos por los propios piratas, pero estos artículos del código pirata de
Brethren también se podrían utilizar como prueba incriminatoria
de que actuaban fuera de la ley. Etimología:
Según algunos autores, la
voz pirata viene del latín pirāta, que por su parte
procedería del griego πειρατης (peiratés) compuesta por πειρα, -ας
(peira), que significa 'prueba'; a su vez deriva del verbo πειραω (peiraoo),
que significa 'esforzarse', 'tratar de', 'intentar la fortuna en las
aventuras'.
Otros autores abogan por que
proviene del griego pyros ('fuego'). El fundamento que se alega es
que tras un acto típico de amotinamiento en un barco, para eliminar cualquier
tipo de pruebas y toda posibilidad de buscar culpables finalmente se le prendía
fuego, no sabiendo por tanto quién había muerto en la trifulca y quién no,
resultaba prácticamente imposible encontrar algún culpable si se daba a todos
por desaparecidos. Siendo por tanto el término pirata equivalente a incendiario.
En este sentido, el término pirata fue usado con anterioridad como actos
puntuales de amotinados y saqueadores y no sólo referente al mar. Cuando esto
era así aún no existían piratas en el concepto que más tarde se implantó. Como
suele suceder en todas las épocas, una voz aplicada para denominar a un
determinado colectivo, en base a un determinado hecho, se acaba generalizando a
un rango mayor y menos específico y aplicando a todo saqueador en general, y
más específicamente a los saqueadores del mar (toda vez que existían múltiples
voces para designar a los «saqueadores de tierra»), quemara ya, o no, el barco.
Cuando más adelante en el tiempo los saqueadores se organizan surcando el mar y
no necesariamente como resultado de un amotinamiento, tienen la necesidad de
reparar su propio barco (dañado por los ataques o por lo embates del mar) y por
supuesto de apropiarse el ajeno. Sin embargo, el barco abandonado en la mayoría
de los casos seguía siendo incendiado.
A partir de entonces la voz ha
sufrido muchos cambios, perdiendo la exclusiva como sinónimo
de incendiario. La voz pirata provenía originariamente de la pirotecnia y
de los inevitables accidentes asociados por los artesanos que militar o
civilmente ocurrían de cuando en cuando. No hay que olvidar que la pirotecnia
fue introducida en Occidente por los árabes en la forma de fuegos
artificiales y que esto tomaron en parte de Asia y en parte remanente
del esplendor romano. La voz no aparece antes de la invención de la pólvora y
es notable que durante los siglos en que duró la piratería de forma «oficial»,
los progresos en pirotecnia quedaron estancados, siendo estos siglos los XVI,
XVII, XVIII y mediados del XIX. Lo que se supone es debido a que los
gobiernos monopolizaron la industria de la pólvora.
Al hablar de piratas, resulta más
propio desde un punto de vista histórico hablar más de navíos que de
barcos. No obstante, a fecha de hoy usamos ambiguamente barco como
sinónimo de casi cualquier embarcación.
Este término califica a las
acciones llevadas a cabo por personas en embarcaciones y, desde mediados del
siglo XX, en aviones, para retener por la fuerza a las tripulaciones y
pasajeros, así como a los propios transportes. Esta definición es dada por
organismos como la ONU o la Real Academia Española. Sin
embargo, varios autores expertos en piratería, como el alemán Wolfram Zu
Mondfeld, amplían la piratería a aquellos ataques realizados desde el mar
contra buques y posiciones en tierra para robar o conquistar, pero sin hacerlo
en nombre de ningún Estado, al menos oficialmente.
Los términos filibustero y bucanero,
más específicos, están relacionados con la piratería en el Mar Caribe.
Historia
Las zonas de mayor actividad de
los piratas coincidían con las de mayor tráfico de mercancías y de personas.
Las primeras referencias históricas sobre la piratería datan del siglo
V a. C., en la llamada Costa de los piratas, en el Golfo
Pérsico. Su actividad se mantuvo durante toda la Antigüedad. Otras zonas
afectadas fueron el Mar Mediterráneo y el Mar de la China
Meridionol.
Grecia y Egipto
Aunque los datos no son muy
abundantes, por los mitos sabemos que los griegos clásicos fueron buenos
piratas. Uno de los más famosos fue Jasón, quien guio a los Argonautashasta La Cólquida en busca del Vellocino de oro, lo que, aunque no entre en
la definición española de piratería, para algunos es, sin ningún género de
dudas, un acto de piratería (personas que vienen por mar para robar).1
También Ulises u Odiseo, según las traducciones griega o latina,
realizó varios actos de piratería en su regreso a Ítaca, como narra Homero en la Odisea.
Con estos dos ejemplos podemos
ver una constante que se repetirá a lo largo de los siglos. Los piratas son, en
muchas ocasiones, considerados héroes nacionales en sus países, pese a
practicar lo que en tierra se llamaría robo y secuestro. Especialmente en una sociedad como
la griega, donde el oficio de las armas era reconocido y estimado, un motivo
que llevaba a glorificar, en lugar de denostar, actos como el citado de Jasón.
Debe tenerse en cuenta que el oficio de mercenario, si bien es verdad que es llevado a
cabo en tierra, no tenía connotaciones negativas como las tiene actualmente.4
Uno de los piratas griegos más
famosos de los que sí se tienen referencias fue Plutarco
de Samos, quien en el siglo VI a. C. saqueó toda Asia Menor en diferentes expediciones y
llegó a reunir más de 100 barcos.5
También los egipcios
consideraban piratas a los Pueblos del Mar porque su principal
expedición invasiva se dio por vía marítima y con la finalidad de efectuar
saqueos. Sin embargo, muchos otros autores no comparten esta clasificación
porque los Pueblos del Mar sólo fueron marineros en el último momento de su
historia.1
Roma
Trirreme romano en un mosaico
tunecino.
En la época final de la República, los
piratas en el Mediterráneo llegaron a convertirse en un peligro, desde sus
bases primero al sur de Asia Menor en
las montañosas costas de Cilicia y más tarde
por todo el Mediterráneo, puesto que impedían el comercio e interrumpían las
líneas de suministro de Roma.
A diferencia de siglos
posteriores, los piratas de la Antigüedad no buscaban tanto joyas y metales
preciosos como personas. Las sociedades de aquella época solían ser en su
mayoría esclavistas, y la
captura de personas para ser vendidas como esclavos resultaba una práctica
altamente lucrativa.5 Pero también se buscaban piedras
preciosas, metales preciosos, esencias, telas, sal,tintes, vino y
otros tipos de mercancías que solían transportarse en los barcos mercantes,
caso de los fenicios.6
Uno de los casos más conocidos
de piratería contra las líneas de navegación lo protagonizó Julio César, que llegó a ser prisionero de
los piratas
cilicios (75 a. C.). Plutarco en Vidas paralelas cuenta que el jefe
cilicio estimaba el rescate en 20 talentos de oro, a lo que el joven César
le espetó: «¿Veinte? Si conocieras tu negocio, sabrías que valgo por lo menos
50». El cautiverio duró 38 días, en los cuales el rehén amenazó a sus captores
con crucificarlos. Finalmente el rescate se pagó y el futuro cónsul de Roma fue
liberado. Pero César cumplió su amenaza, y cuando recobró la libertad organizó
una expedición, pagada con su propio dinero, durante la que apresó a sus
captores y los crucificó a todos.5
La piratería, sobre todo la
perpetrada por piratas cilicios, alcanzó niveles preocupantes para Roma hacia
el final de la República. En el 67 a. C., el senado romano nombró aPompeyo procónsul
de los mares, lo que significaba que se le otorgó el mando supremo del Mare
Nostrum (el Mar Mediterráneo) y de sus costas hasta 75 km mar adentro. Se le concedieron todos
los ejércitos que se encontrasen a las costas del Mediterráneo, contando así
con unos 150.000 efectivos, así como el derecho de tomar del tesoro la cantidad
que necesitase. Finalmente, se le proveyó con una flota bien pertrechada. En
diversas operaciones eliminó en cuarenta días a todos los piratas de Sicilia e Italia y, tras el asedio y toma de Coracesion,
a los piratas de Cilicia, acabando así, en cuarenta y nueve días, con los
piratas de la zona oriental del Mediterráneo. Asimismo debe apuntarse que
dichos piratas sólo presentaron la resistencia imprescindible para poder
solicitar una rendición honrosa.
La Edad Media
Artículos principales: Alta Edad Media y Baja Edad Media.
Siguiendo la división historiográfica clásica podemos dividir a
la Edad Media en Alta y Baja. En la primera, los piratas protagonistas
fueron los vikingos y los árabes; en la segunda, el centro de atención
se desplaza más hacia el Mediterráneo Oriental y la creciente expansión
del Islam.
Piratería en el Mar Adriático[editar · editar
código]
Artículo principal: Pagania
Pagania fue un territorio
poblado por la tribu eslava conocida como los narentinos (neretljani)
en una zona del sur de Dalmacia (en la actual Croacia), al oeste del río
Neretva (Narenta). Eran conocidos por su destreza marítima y su dedicación a la
piratería.
Los vikingos
Rutas y años de la era vikinga.
Aunque este pueblo permaneció
sumido en luchas internas durante varios siglos, en 793 realizan
el primer ataque en la costa norte de Inglaterra y dos años después en Irlanda.
Desde esa fecha hasta poco
después del año 1000, los pueblos del norte efectuaron todo tipo de incursiones
en el mar del Norte,
el Cantábrico y
el Mediterráneo (tanto oriental como
occidental). El radio que alcanzaban sus excursiones fue aumentando
progresivamente, según crecían sus conocimientos de la costa y los ríos
navegables. Así, entre otras acciones, podemos reseñar:
793 primer
ataque en las Islas Británicas.
820 ataque
a los actuales Países Bajos.
840 ataque
a la península Ibérica.
No existe una postura unánime
entre muchos de los historiadores de la razón que llevó a algunos hombres del
norte, no a todos, a ir de saqueo (vikingo viene a significar 'el que va a
saquear', o también 'el que merodea por las costas').7 Los vikingos no solían vincular sus acciones
a otros ideales que no fueran el conseguir riquezas, esclavos o tierras donde asentarse, ni
tampoco solicitaban algún tipo de permiso a una autoridad superior que
justificara sus acciones, como sería posteriormente el caso de los franceses e
ingleses con sus patentes de corso. No obstante, la formación de grandes
partidas para realizar ataques costeros coincide al menos con la época en que
en Escandinavia la población comenzó a
organizarse en reinos más o menos extensos y consolidados.
Modelo de barco vikingo.
Las expediciones vikingas solían
formarlas decenas o cientos de buques navegando y atacando juntos; en
contraposición con otras anteriores y sobre todo con las posteriores en
el Mar Caribe, donde lo frecuente eran ataques de
pocos barcos o incluso de uno solo. Debe tenerse en cuenta que un drakkar vikingo podía transportar unos 32
o 35 hombres, como lo atestigua el Barco de Oseberg encontrado en
la granja Oseberg de Vestfold, Noruega en 1903.8
Un ejemplo de estas expediciones
lo tenemos en las crónicas sobre la primera incursión vikinga a la península Ibérica en
el 840. Un número indeterminado de naves
bordearon la costa asturleonesa hasta llegar a la actual Torre de Hércules (su
gran tamaño debió de parecerles importante) y saquearon la pequeña aldea
emplazada a sus pies. Ordoño I tuvo
noticias de la expedición y condujo a su ejército contra los vikingos, a quienes derrotó recuperando buena
parte del botín y apresando o hundiendo entre sesenta y setenta de sus naves,
lo que quizá no constituía ni la mitad de la fuerza desplazada por la
expedición, como demuestra el hecho de que siguieron su campaña de saqueos.
En Lisboa los cronistas hablan de una
escuadra compuesta por 53 bajeles.
Los vikingos supieron unir a sus
grandes dotes marineras la sorpresa y la no poca ferocidad en el uso de la
espada. Sin embargo, este pueblo goza de cierta leyenda rosa en lo que a sus
dotes militares respecta. Se tiene la idea de que eran los más terribles
guerreros europeos o mundiales de la época, siempre dispuestos a luchar hasta
la muerte con la esperanza de sentarse a la mesa en el banquete de Odín, tras haber tenido el privilegio de morir
con la espada en la mano. Frente a esta leyenda, la historia muestra hechos
donde se ve que, como cualquier pirata, atacaban aquello que creían poder
conquistar y en muchas ocasiones huían o se rendían. Un ejemplo lo aporta su
primera incursión en Al-Ándalus, donde
tomaron Cádiz y subieron de nuevo por el Guadalquivir, saquearon minuciosamente Sevilla desde la que lanzaron
avanzadillas a pie. No obstante, cuando Abd Rahman II salió con sus hombres y,
tras algunas batallas, los vikingos vieron que no podían con la fuerza
andalusí, aquellos huyeron, abandonando Sevilla y a muchos rezagados, quienes
se rindieron a las fuerzas del emir y terminaron, o
bien criando caballos y haciendo queso, o bien con el viejo castigo para la
piratería: ahorcados, en este caso de las palmeras de Tablada.9 La horca para los buitres del mar sería
posteriormente casi institucionalizada por los captores de piratas y también
por artistas en sus obras, como el poeta español José de Espronceda lo
inmortalizaría en obras como la Canción del pirata con sus versos
Y al mismo que me condena
Colgaré yo de una antena
Quizá en su propio navío.
Colgaré yo de una antena
Quizá en su propio navío.
Tampoco es cierto que aquellos
hábiles marineros vencieran la mayoría de las veces. Sí se sabe que
arrasaron París y York o
que se adentraron tierra adentro y capturaron al rey de Navarra, García Íñiguez,
en el asedio de Pamplona en el 858,
por ejemplo. Pero, como ya se ha indicado, Abdel Ramán II les infligió una
seria derrota, como meses antesRamiro I de Asturias durante
la misma incursión y también su hijo, Ordoño I, que marchó contra la segunda
expedición por tierras hispanas. Más contundente fue el condeGonzalo Sánchez, quien terminó con toda la
flota de Gunrod de Noruega (Gunderedo, en
español); el conde Sánchez capturó y pasó a cuchillo a toda la tripulación y a
su rey.9Pero quizá la derrota más contundente se la
infligió Harold Godwinson,
heredero del trono inglés tras la muerte sin descendencia de Eduardo el Confesor;
aquel defendió sus derechos frente al pretendiente noruego Harald Hardrade y
su flota de 300 naves (más de 10.000 hombres) en la Batalla del
puente Stamford en 1066,
donde cayó el propio monarca pirata.8
Los vikingos muestran otra
constante en la piratería. Pese a ser considerada siempre una profesión de
hombres (con prohibición expresa en algunos casos de embarcar mujeres), las
féminas siempre participaron en y dirigieron expediciones, navíos y flotas.
Así, numerosas naves normandas eran mandadas y tripuladas en su totalidad por
mujeres. Es el caso de Rusla la doncella roja, hija
del rey Rieg y hermana de Tesandus, que fue desposeído de su trono por el rey
Omund de Dinamarca. La muchacha primero armó un barco y con el tiempo se hizo
con una flota entera, con la que atacó a todas las naves danesas que pudo, para
vengarse de la afrenta inferida a su hermano. En contra de lo que se podría
pensar, fue Tesandus quien la capturó, tras el naufragio de su drakkar, y la
sujetó por sus trenzas mientras sus hombres la mataban con los remos (el rey
Omund había conseguido atraer bien al príncipe hacia su causa después de
adoptarlo).
No se sabe con certeza la causa
o causas que terminaron con los ataques vikingos. Algunos autores opinan que la
aceptación de la fe cristiana hacia el año 1000 por la mayoría de ellos atenuó
su deseo de atacar a sus correligionarios. También se apunta a que las
incursiones sólo constituían una moda y que cesaron cuando ya no fueron
novedad. De cualquier modo, los reinos nórdicos deseaban cada vez más abrirse
al resto de países de Europa y comerciar con ellos en lugar de invadirlos. Como
ejemplo está el caso del rey castellano Alfonso X El Sabio,
que casó a su hermano Fernando con la princesa Cristina de Noruega el
31 de marzo de 1252 porque dicho matrimonio era
conveniente tanto para Alfonso X como para Haakon IV.10
El Índico medieval
Dhows mozambiqueño en el océano
Índico. Los dhows son embarcaciones tradicionales árabes muy parecidas a las
utilizadas por ese pueblo en tiempos de los abásidas, cuando fueron diestros
piratas y navegantes.
Si nos atenemos a la distancia
de sus rutas, los árabes fueron los mejores navegantes de su época. Ya en el
siglo IX fueron capaces de abrir la mayor ruta comercial conocida entre
la península Arábiga y China,
muy por encima de las travesías vikingas por Europa.11
La expediciones árabes buscaban
tres cosas: materias primas que pudieran luego trabajar o vender, productos de
Oriente para negociar y esclavos que vender. Aunque otros o esos mismos árabes
atacaban asimismo barcos para apoderarse de su mercancía. La zona más peligrosa
era y continuó siendo el estrecho de Malaca,
donde los buitres del mar campaban a sus anchas. No debemos pensar que los
ataques piratas eran perpetrados sólo por árabes, también participaban en ellos
gente de las islas y penínsulas índicas.
Guardando algunos parecidos con
las de los griegos, sin ser el mismo caso, las singladuras árabes han llegado a
la cultura universal a través de cuentos de cierto carácter mitológico,
especialmente por las aventuras de Simbad el marino. Para el escritor Jordi Esteva, en esos cuentos y relatos están
plasmadas todas las regiones visitadas por los árabes en sus travesías, bien es
verdad que mitificadas con relatos de monstruos gigantescos. Así, en el siglo
IX bajeles de Yemeny la actual Arabia Saudita habían abierto rutas
por Persia, India y
China en Asia y toda la costa este africana, inclusive las costas de Madagascar. En este último continente crearon
uno de los sultanatos más importantes, pero no el único, enZanzíbar, desde el que se canalizaba buena
parte del oro, maderas valiosas, pieles exóticas y marfil exportados por elGran Zimbabue ya desde tiempos de
los fenicios.12
Dado que los africanos no
disponían de muchos productos elaborados, las principales acciones de piratería
consistían en la captura de esclavos para ser llevados a la península Arábiga.
Los otros productos igualmente se rapiñaban, pero era más corriente la compra a
los nativos. Debe tenerse en cuenta que África, en razón de enfermedades como
lamalaria, fue un continente casi vedado a los
no africanos. Pero esta actuación pirática de toma de esclavos por la fuerza
fue sustituida progresivamente por la compra a negreros africanos. Esta
conducta fue una práctica muy común y muy sangrante para los reinos del África negra, comenzando el debilitamiento de
sus estructuras que posteriormente aprovecharían los europeos. Fueron estas
actuaciones de los piratas/negreros árabes lo que contribuyó a expandir el
Islam en África. Debido a que las leyes islámicas no permiten la esclavitud
entre musulmanes, muchos africanos se convirtieron a esa religión para
salvaguardar su libertad.
El Mediterráneo
La situación vivida por los
pueblos europeos occidentales tras la caída del Imperio romano hace que la
navegación marítima se reduzca antes de la formación del Imperio carolingioy
tras su caída en todo lo que es el Mediterráneo Occidental, pero sin desaparecer
por completo. En la parte oriental de este mar, la comunicación continúa y con
ella la actividad pirática.
Autores como Wolfram Zu Mondfeld
incluyen a Roger de Flor,
caballero y aventurero de Brindisi, entre los no
muchos piratas documentados de la época en esa parte del mundo. La inclusión de
Roger de Flor se debe a su carrera naval antes de comandar a los almogávares y entrar al servicio del rey
de Sicilia.1
En 1291 Roger
de Flor marchó a la última cruzada y pronto se reveló como un gran marino. Una
de sus famosas acciones fue la evacuación con su flota de toda la nobleza de San Juan de Acre; ya sea por haber pedido
rescate, haber subastado los puestos o porque la aristocracia franca utilizó sus influencias para
lograr una plaza. Con sus naves llenas de adinerados nobles logró llevarlos
a Marsella sanos y salvos.
Durante los 20 años siguientes
luchó al servicio del rey Federico II de
Sicilia hasta que fue reclutado por el emperador de Bizancio Andrónico II y mandó a los almogáraves en
sus victoriosas batallas contra los turcos. Saqueó Quíos y se estableció en Galípoli hasta
ser llamado y asesinado por el Emperador con 300 de sus hombres durante un
banquete en su honor. Esto hizo explotar en sus hombres la famosa Venganza catalana al aterrador grito de
«¡Desperta ferro!».
Pese a todo, el gran poder
corsario de este mar aún estaba formándose y emergiendo en Asia Menor. La progresiva
expansión del Islam, primero por los árabes en todo el Norte de África y
después con los turcos en las costas asiáticas, iba a originar toda una serie
de señoríos y sultanatos que rápidamente adquirirían fuerza y tamaño, hasta
llegar a convertirse en un peligro sin igual para los reinos cristianos de
Italia, España y en menor medida las órdenes militares que gobernaban en islas
como Chipre, Rodas y Malta.
Debe tenerse en cuenta que los árabes y también los berberiscos consideraban
una forma de Guerra santa la
piratería contra los infieles (véase más adelante).
Los vitalianos
Reproducción de una coca, típica nave medieval del mar Báltico.
La piratería europea a finales
de la Edad Media la protagonizaron los ya
expuestos berberiscos en el
Mediterráneo, que comenzaban a crecer en importancia, y los Hermanos de las
vituallas en el mar del Norte.
Las ciudades del mar Báltico y
algunas de la parte oriental del mar del Norte empezaron a unirse
comercialmente hacia el año 1200 para regular primero y controlar después el
comercio por esa zona. Con el tiempo se terminó formando una cofradía de
ciudades portuarias, llamada la Liga Hanseática y comúnmente conocida
como Hansa, a la que terminaron perteneciendo
muchas urbes bálticas, principalmente alemanas. Las ciudades cooperaron para
defender su independencia de los príncipes territoriales vecinos, asegurarse
importantes privilegios comerciales y protegerse contra piratas y corsarios.
En el siglo XIV, Dinamarca y
Mecklemburgo se disputaron el control de Suecia. La reina Margarita I de
Dinamarca y de Noruega, invitado por nobles suecos, ganó en una batalla contra
el impopular rey de Suecia Alberto III de
Mecklemburgo y le encarceló en 1389. Suecia, con la excepción
de Estocolmo, cayó en manos danesas. Entonces
Mecklemburgo incitó a los corsarios dañar a Dinamarca. Las ciudades
mecklemburgueses pertenecientes a la Hansa, Rostock y Wismar, se abrieron al comercio con los corsarios (1391).
Sin embargo, la mayor ciudad hanseatico Lübeck apoyó a Dinamarca. En general, la
Hansa no osaba tomar partido en este conflicto. De un lado la piratería comenzó
a causarle grandes daños, del otro lado una victoria danesa hubiera acabado en
el control danés de importantes rutas maritimas.
Los corsarios mecklemburgueses
lograron varias veces aprovisionar la ciudad asitiado de Estocolmo con
alimentos y otros necesidades para continuar su resistencia, así que los
corsarios se convirtieron en vitulianos o hermanos de las vituallas (del
latín victualia). Con el tiempo los valerosos corsarios, que arriesgaban
sus barcos y sus vidas para mantener con vida a la población de Estocolmo se
degeneró progresivamente, cuando sus actividades volvieron a la simple
piratería. Como sería después en el Caribe, los vitalianos acostumbraban a
repartir el botín obtenido en partes iguales y a formar algo parecido a una
sociedad sin clases. De ahí que también se les
llame Likendeeler ('igualitarios').
Su influencia fue grande al fin
del siglo XIV y en las primeras décadas del siglo XV y lograron varios actos
destacados en los actuales Países Bajos, Alemania e incluso Francia. A la
cabeza de este grupo se puso una especie de triunvirato formado por Gödehe
Michelsen (también conocido por Gödeke
Michels o Gö Michael), Wigbad (asimismo
llamadoWigbold o Wikbald) y Claus
Störtebekker (Störtebecker para los alemanes). La
comunidad había conquistado Visby y Gotland y allí prosperaron entre 1394 y
1398, cuando fueron expulsado por el Orden
Teutónico. Konrad
von Jungingen dirigió a 4.000 armados teutónicos en 84 naves
contra los vitalianos, acabando con aquel «paraíso báltico». Algunos lograron
escapar, entre ellos los tres dirigentes, que buscaron refugio en el señorío
de Kennon
ten Brooke, en las costas de Frisia. Este aristócrata estaba enfrentado con la mayoría
de sus vecinos y aceptó de buen grado la entrada de aquellos piratas, que
podían hostigar a sus enemigos.
La segunda expedición contra la
hermandad vitaliana se llevó a cabo en 1400 por los capitanes
hamburgueses Albrecht
Schreye y Johannes
Nanne, que atacaron a los vitalianos en la desembocadura del Ems,
matando a 80 y decapitando a otros 36. Al año siguiente, Nilolaus
Shoche atacó la desembocadura del Weser terminando
con 73 de aquellos piratas.
La suerte seguía en contra de
los vitalianos, Jungingen empezó a cambiar su actitud hostil contra sus
vecinos[cita requerida] y
se reunió en Hamburgo con varios
dignatarios, donde manifestó su deseo de apartarse de aquellos individuos.
Entonces muchos de estos piratas se retiraron a Noruega, pero Störtebekker decidió quedarse y
seguir atacando naves entre las islas de Helgoland y Neuwerk, pero sus días estaban contados. El
jefe de la escuadra hanseática, Simón
de Utrecht, disponía de una de las mejores naves que habían surcado
aquellas aguas hasta entonces, la Bunte Kuh, y junto a
otras Carabelas de la paz, como se las llamaba a las naves contra los
piratas bálticos, emprendió varias acciones contra Störtebekker y sus hombres.
En las más exitosa camufló a sus
naves como embarcaciones mercantes y logró engañar al pirata, siempre muy
precavido. Este a su vez atacó la escuadra por la vanguardia y la retaguardia;
pero cuando se dieron cuenta de que se enfrentaban a las potentes Carabelas
de la paz era ya tarde. Cayeron 70 piratas, entre ellos Störtebekker. Los
otros dos compañeros del alemán lograron escapar, pero fueron capturados en la
siguiente salida de la nave Bunte Kuh. Pero, como en tantos otros casos,
la imagen del pirata Stöttebekker ha quedado en la cultura popular alemana como
una especie de héroe regional, conservándose en los museos la copa que
utilizaba para beber, un cañón de su barco, o siendo nombrado socio póstumo de
algunas asociaciones y clubs alemanes.
La captura de los demás piratas
vitalianos se produjo en 1433, en las aguas del Mar Báltico y Mar de Norte. En
aquella ocasión fue el aristócrata frisón Edzart
Zirksena quien firmó definitivamente la paz con Hamburgo,
permitiendo que Simón de Utrecht saliera nuevamente con sus naves y terminara
con los últimos reductos de la piratería báltica. El capitánSibeth
Papinga y sus hombres fueron capturados y decapitados,
terminando así con el problema pirata.
Edad Moderna
Tres acontecimientos
relacionados marcan la piratería tras la Caída de
Constantinopla hasta la Revolución francesa:
El descubrimiento de
América por España.
La exclusión de Inglaterra, Francia y
más tarde Países Bajos tras
el reparto de todas esas tierras entre España y Portugal por el Tratado de
Tordesillas (bendecido por bula papal).
Las inmensas riquezas halladas
en el Nuevo Mundo.
Una cuarta circunstancia, no tan
unida a las anteriores, la constituyó el creciente poderío musulmán,
especialmente turco, en todo el Mediterráneo.
Los corsarios berberiscos
Artículo principal: Piratería berberisca
Aruj,
también conocido como Baba Aruj o Barbarroja.
Desde muy antiguo —como
atestigua la campaña llevada a cabo por Julio César contra los piratas— y
organizadamente desde el siglo XIV, el mar Mediterráneo conoció
numerosas incursiones de piratas y corsarios turcos y berberiscos que atacaban las naves y
costas europeas en medio del conflicto entre el Cristianismo y el Islam, que culminó con
la conquista cristiana de Granada y
la turca de Constantinopla,Chipre y Creta.
Los berberiscos contaban con los
importantes puertos de Tánger, Peñón de Vélez
de la Gomera, Sargel, Mazalquivir y los bien defendidos
en Túnez y Argelia,
incluso Trípoli, desde
los que atacar cualquier punto del sur europeo y refugiarse con rapidez
llevando los rehenes por los que se pedía rescate.
Debe tenerse en cuenta que la
piratería a naves cristianas era considerada por los berberiscos una forma
de Guerra Santa y, por tanto, noble y
ejemplarizante.
Desde estas fortalezas, los
berberiscos atacaban los puertos del sur de la península Ibérica, el
archipiélago de las Baleares, Sicilia y el sur de la península Itálica.
Tanto es así que el cronista Sandoval escribió: «Diferentes corrían las cosas
en el agua: porque de África salían tantos corsarios que no se podía navegar ni
vivir en las costas de España».13
Puede sorprender que un peligro
tan grande durara tantos siglos, especialmente sabiendo que aquellos puertos no
eran partes de un Estado centralizado (el poder de los sultanes era nominal) y
el tribalismo predominaba en la región, dividiendo las fuerzas frente a un
ataque de Europa. Autores como Ramiro
Feijoo puntualizan que aquella región tenía un escaso o nulo
valor económico para las monarquías de Zaragoza o Valladolid. Sin embargo, la situación cambió
con la firma de la Paz de Lyon en 1504 y
los ataques berberiscos a Elche, Málaga y Alicante en 1505.
Los especialistas consideran un
error pensar que la península Ibérica sufría muchos más ataques que la Itálica.
No obstante, la primera contaba con el conocimiento de la lengua, las costas y
las costumbres de los andalusíes que habían abandonado la península con
la Reconquista. Muchos de ellos se convirtieron
en guías, lenguas, aladides, leventes o incluso capitanes13 y, ya en tierra, contaban con la
connivencia de los otros andalusíes que reclamaban, e incluso varios musulmanes
actuales siguen reclamando, aquella tierra invadida como suya. De esta manera,
las viejas incursiones medievales, como la cabalgada o
la algarada, vuelven a practicarse desde el mar.
En los primeros años del siglo
aparece un personaje que, apoyado por los gobernantes otomanos y bereberes, se dedicó a atacar
numerosas naves europeas, principalmente españolas e italianas: era Aruch
Barbarroja. Este corsario llegó incluso a recibir de manos del rey
de Túnez, en 1510,
el gobierno de la isla de Yerba, desde donde siguió organizando pillajes
y ataques, tales como la conquista de la ciudad de Mahón en 1535.
Tras su muerte, su hermano Jeireddín,
que había heredado de él el apodo de Barbarroja, llegó a empequeñecer la
leyenda de Aruch. Tanto es así que el Abate de Brantone, en su libro sobre
la Orden de Malta,
escribió de él: «Ni siquiera tuvo igual entre los conquistadores griegos y romanos.
Cualquier país estaría orgulloso de poder contarlo entre sus hijos.»1
La mayor parte de las naves
berberiscas eran galeras de poca
altura, propulsadas por remos. Los remos eran bogados por multitud de esclavos
no musulmanes, algunos raptados de países europeos y otros comprados en el
África Subsahariana. La galera generalmente tenía un solo mástil con una vela
cuadrangular. Las acciones berberiscas fueron aumentando en número y osadía,
llegando a tomar posesiones en Ibiza, Mallorca y en la propia España peninsular con
ataques en Almuñécar o Valencia.14 Bien es verdad que muchas de estas
acciones culminaban con éxito gracias a la cooperación que los argelinos y
tunecinos obtenían de los moriscos, hasta que fueron
expulsados por Felipe III.
Pese a ser el Atlántico el principal foco de atención
de los Austrias, las acciones en el Mediterráneo
nunca se descuidaron. Actualmente toda la costa mediterránea española está
todavía jalonada por torres de vigilancia (desde donde una siempre divisa otras
dos) y torres de guardia para defender las costas (un ejemplo es Oropesa del Mar, en Castellón).
Estos piratas dieron origen a una frase que ha perdurado desde entonces: «No
hay moros en la costa». Lo mismo que las acciones de la que hoy llamaríamos
sociedad civil, para aliviar el sufrimiento de los cautivos y sus familias con
la fundación de la orden de los Mercedarios dedicados únicamente a reunir
rescates.
Pero no se debe caer en la idea
de que los reyes españoles se limitaban a desplegar una estrategia defensiva.
Las operaciones que culminaron con la toma de Túnez y la de Argel por Carlos V y Juan de Austria, incluso la misma Batalla de Lepanto protagonizada
por este último estratega, fueron los principales y más grandes intentos de
combatir esta piratería que suponía un auténtico martirio para España y otras
naciones europeas.
El apogeo de la piratería
berberisca llegó en el siglo XVII. Gracias
en parte a las innovaciones del diseño naval introducidas por el renegado
cristiano Zymen
Danseker, los corsarios norteafricanos extendieron sus ataques
prácticamente por todo el litoral del Atlántico Norte. De esta época datan
ataques tan al norte como en Galicia, las islas Feroe e
incluso Islandia. Es posible que incluso alguno de
estos barcos hubiese alcanzado las costas de Groenlandia de forma puntual. En el siglo XVIII la práctica, lejos de
decrecer, se mantuvo e incluso aumentó en algunos momentos gracias a la
disminución del dominio marítimo español sobre el Mediterráneo occidental con
la pérdida de Orán y Mazalquivirdurante la Guerra de
Sucesión Española de 1700–1714.
Las acciones de los piratas
berberiscos no remitirían hasta comienzos del siglo XIX, cuando países como Gran Bretaña,
Francia y Estados Unidos cesaron de pagar tributos a los reyes berberiscos y
comenzaron a realizar campañas de castigo contra la base pirata de Argel. Ésta
vio destruida gran parte de su flota en 1816,
y en 1830 cayó ante las fuerzas francesas, que
la usarían como punto de partida para crear la colonia de Argelia a lo largo del siglo siguiente.
La presión internacional y la decisión del Imperio otomano de acabar con esta
práctica, llevaron al fin de la piratería en Marruecos, Túnez y Tripolitania en
los años siguientes.
Los corsarios cristianos[editar · editar
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Los corsarios cristianos también
atacaban los navíos musulmanes bajo las órdenes de los reyes cristianos. Desde
las posesiones españolas de Italia solían
reclutar militares para ejercer de corsos en el mar Egeo y el Norte de África. Los navíos españoles, al mando de
veteranos de las guerras imperiales de los Austrias, operaban unas veces por su
cuenta dando caza a los bajeles musulmanes, y otras se agrupaban para asaltar y
saquear ciudades e islas. El más conocido de estos corsarios es Alonso de Contreras,
que además dejó en su autobiografía (Vida del capitán Contreras) un relato
pormenorizado de las luchas que vivió entre 1597 y 1630.
Los franceses descubren el oro
de las Indias[editar · editar código]
Como se ha indicado
anteriormente, todas las naciones europeas, excepto España y Portugal, quedaron
fuera del reparto de tierras y comercio con las colonias americanas; este sólo
lo podía realizar la Casa de Contratación con
sede en Sevilla.
Pese a que durante muchos años
los monarcas de España y Portugal trataron de mantener en secreto lo
descubierto en América, en 1521 piratas franceses a
las órdenes deJuan Florin lograron
capturar parte del famoso Tesoro de Moctezuma,
abriendo toda una nueva vía para asaltos y abordajes en busca de fabulosos
botines. Tanto es así que alcabo de San Vicente los
españoles comenzaron a llamarlo El cabo de las Sorpresas.14
Sin embargo, los españoles
aprendieron pronto a defenderse de los piratas franceses, más tarde ingleses, y
empezaron la construcción de los impresionantes galeones, mucho más armados que los navíos
piratas y preparados para frustrar el abordaje con una descarga de sus enormes
piezas de artillería.
Ante éstos, los corsarios
franceses y algunos pocos españoles enrolados con ellos probaron a cruzar el
Océano y asentarse en las islas del Caribe donde pudieran atacar pequeños
barcos y poblaciones indefensas. Es el caso de Diego
Ingenios y Jacques de Sores, que sitiaron Nueva Cádiz y llegaron a capturar a su
gobernador, Francisco Velázquez. También es el caso de la ciudad hondureña de Trujillo, que fue saqueada y
arrasada por los piratas en varias ocasiones pese a los refuerzos enviados
(sorprende que con tantos ataques siga existiendo en la actualidad).
El corso inglés
Más tarde surge como nuevo
pirata la figura del corsario inglés, una
clase social sui géneris, especializada en el robo marítimo, en el saqueo de
ciudades, puertos y mercancías. Los corsarios disfrutaban de lo que se
llama patente de corso, es decir, «licencia para robar y saquear» con la
autorización explícita del rey u otro gobernante. Esta patente era privilegio
de Inglaterra y Francia, que tenían a sus corsarios
institucionalizados y cuya actividad se convierte en lícita en tiempos de
guerra. De esta manera, los piratas clásicos se van haciendo corsarios, que es
una postura más cómoda, pues actúan siempre dentro de un orden legitimado y
bajo la protección de la ley.[cita requerida]
La percepción de los corsarios
depende obviamente del observador: para los atacados son simplemente piratas, o
mercenarios sin escrúpulos, mientras que para sus connacionales son patriotas e
incluso héroes.[cita requerida] En
Inglaterra, la piratería se convirtió en un negocio legítimo. Fue Enrique VIII el
primer monarca que expidió las patentes de corso. Más adelante, la reina Isabel I se
convertiría, por este medio, en «empresaria marítima», otorgando las patentes a
cambio de parte del botín conseguido.
Asimismo debe tenerse en cuenta
que estos corsarios muchas veces eran comerciantes que vendían productos muy
necesarios para los colonos y compraban a buen precio los artículos que éstos
debían vender exclusivamente a la Casa de Contratación. Por lo tanto, en muchas
ocasiones, la presencia permanente de piratas en el casi despoblado Caribe
insular era bien vista, e incluso necesaria, tanto para los habitantes como
para las élites españolas residentes en América.14 Es el caso de John Hawkins que vendió esclavos traídos
desde África y compró especies a mucho mejor precio que el pagado desde
Sevilla.1
En algunos casos, después de
expirada la licencia o acabada la guerra, los corsarios vuelven a actividades
privadas como ricos burgueses que incluso son condecorados. En Inglaterra
existen monumentos levantados a algunos corsarios, considerados como héroes. El
más famoso de los corsarios del siglo XVI es, sin duda, Francis Drake, insigne almirante, honrado por
su reina en agradecimiento a los servicios prestados y elevado a la categoría
de sir. Sobrino de otro pirata, también
ennoblecido por la reina, sir John Hawkins, juntos asaltaron Veracruz en 1568, cuando aún carecía de
fortificaciones. Drake tiene en su haber el más cuantioso botín registrado en
la historia: dos buques españoles que transportaban oro y plata americanos
desde Nombre de Dios,
lo que le supuso que Isabel I lo armara caballero.[cita requerida]
Sir Walter Raleigh inició en 1617 una
expedición en la Guayana (actual Venezuela), donde esperaba descubrir minas de
oro, y tomó posesión de parte de ese país en nombre de Inglaterra; pero tras
destruir algunos establecimientos españoles en el río Orinoco, fue detenido a solicitud de Felipe III de
España.
Sin embargo, no todos los
corsarios consiguen el título de caballero. Algunos de ellos, una vez acabado
el conflicto que propició la expedición de su patente, continúan su actividad
convertidos en simples piratas.
El siglo XVI será un siglo de fomento entre
los corsarios y piratas, del asalto y captura de los galeones españoles y el
apresamiento de sus hombres. En Dover se
llegan a pagar 100 £ en
pública subasta por hidalgo capturado.[cita requerida]
Surge igualmente una actividad
nueva: los piratas o corsarios se hacen negreros y se apoderan en África de seres humanos para vender y
esclavizar. Figura del esclavista británico más sobresaliente de este momento
es el ya citado John Hawkins, que pobló de negros africanos toda el área
del Caribe.[cita requerida]
En 1709,
110 corsarios al mando de Woodes Rogers y Stephen
Courtney (el famoso William
Dampierre, «el pirata literario», que ya había estado en Guayaquil integraba también el grupo)
entran en Guayaquil y se presentan como «negreros», y al ver el miedo dibujado
en el rostro del corregidor, Jerónimo de
Boza y Solís, no sólo exigieron 40.000 pesos de rescate por dos rehenes que se
llevaron, sino que se entregaron al pillaje durante cinco días, llegando a
acumular 60.000 pesos en joyas y dinero a más de una enorme cantidad de víveres
y objetos.
La piratería en el Caribe
español
La Ruta
de las Indias que seguían las embarcaciones españolas, cruzaba
el océano Atlántico rumbo
a Cuba o a La Española. De estas islas partían rutas
hacia el continente: a Veracruz, Portobelo, Maracaibo y Cartagena de Indias.
Durante los primeros siglos del
dominio español en América, los piratas intentaban, y en muchos casos lograban,
robar valiosos cargamentos de oro y otras mercancías procedentes del Nuevo
Mundo abundaron en el Mar Caribe, que
presentaba un lugar ideal para la actividad por su abundancia de islas en las
que los piratas podían refugiarse. Hay que tener en cuenta que los Reyes Católicos permitieron en 1495 a
todos sus súbditos tripular naves a las recién descubiertas Indias, lo que hizo
que muchas embarcaciones se lanzaran al Atlántico sin la debida preparación,
siendo fácil presa para los lobos del mar.15
Felipe II ordenó
que ningún barco hiciera la Ruta de las Indias sin protección para evitar el
ataque de los piratas a los navíos españoles. Para ello optó por la formación
de convoyes en los que las carabelas y
las naos eran escoltadas por los
poderosos galeones y carracas, llamado Sistema de
flotas y galeones. Este sistema constituyó un gran éxito si nos
atenemos a la proporción de flotas fletadas (más de cuatrocientas) frente al de
flotas atrapadas (dos), que da un porcentaje de capturas de un 0,5%, y ninguna
de estas dos se debió a la acción de los piratas o corsarios, sino a la de
Marinas de guerra pertinentemente armadas.15
En cualquier caso, en el siglo
XVII el trópico de la América hispana se convirtió en el escenario donde
actuaban a destajo los lobos del mar, a menudo amparados por los grandes países
de Occidente (principalmente Inglaterra, Francia y Holanda).
Como se ha indicado, se llamó
corsarios a los que actuaban por cuenta de sus reyes, quedándose con parte del
botín. Por su lado, los simples aventureros y ladrones fueron conocidos con el
nombre genérico de bucaneros, pues sus
tripulaciones se nutrían de habitantes de las islas que
preparaban y vendían carne al bucán, es decir, ahumada. Sembraron el
terror y la desolación en las poblaciones situadas en el Golfo de México y el Caribe.
Veracruz, San Francisco de
Campeche, Cuba, Santo Domingo, Cartagena de Indias, Honduras,
Venezuela, Panamá y Nicaragua fueron los lugares más castigados, víctimas de
saqueos, asaltos y asesinatos.
Resaltan las figuras del
galés Henry Morgan, de
los franceses El Olonés (de
nombre Jean David François de Nau) y Michel de Grammont ,
el holandés Laurens de Graff, Lorencillo(llamado
así por su corta estatura; otros hacen referencia a él como Lorent
Jácome), todos ellos piratas sin escrúpulos. Los peores asaltos que se recuerda
fueron: Maracaibo por El Olonés, Veracruz por
Grammont y Lorencillo y Puerto Bello por
Morgan. Estos lugares azotados y desprotegidos no contaban con ninguna defensa
por parte del Imperio español de
ultramar.
Pero esta situación fue
cambiando a medida que las colonias iban aumentando en población, y la
metrópoli fue invirtiendo en la flota, defensas y guarniciones. De esta forma,
a finales del siglo XVI los principales piratas y corsarios habían muerto o
estaban prisioneros:
Thomas Cavendish fracasa en una
expedición y fallece en 1592 posiblemente aguas
fuera de la isla Ascensión,África.
David Middelton fracasa también
en las Azores.
George Clifford perdió 14 de sus
28 naves salidas de Plymouth en la
Operación Raleigh en 1595;
entre ellos cayeron John Hawkins y Francis Drake.
Sir Walter Raleigh fue
condenado a muerte, sufrió suplicio y fue posteriormente decapitado en 1618.
El historiador británico J. B.
Black lo expresó en una frase con tintes nostálgicos: «Los formidables
escuadrones de corsarios, que antaño asolaron el Caribe, habían desaparecido».16
La decadencia de la piratería
caribeña
Fuerte de Cartagena de
Indias, Colombia. Las impresionantes fortificaciones
de esta ciudad fueron reparadas y reforzadas por los mejores arquitectos
españoles, como Juan de Herrera.
El desastre de la Armada Invencible produjo en España, y en especial en Castilla, una sensación de pánico ante la indefensión
frente a un posible contraataque de Inglaterra y las Provincias
Unidas, lo que llevó a los procuradores a atender las demandas
de Felipe II que
solicitó y obtuvo 8 millones de ducados para nuevas naves y fortificaciones.
Este nuevo impuesto fue conocido como Los millones y resultó terrible
para los españoles en general y los castellanos en particular, especialmente
para las clases más humildes, pero la cantidad fue abonada con creces.17
Al año siguiente de la Armada
Invencible, los ingleses atacaron Galicia, cosechando una terrible derrota. Al
mismo tiempo, las fortificaciones en América, como la inexpugnable Cartagena de Indias,
fueron reforzadas por los mejores arquitectos del Imperio (como Juan de Herrera), poniéndole la tarea mucho
más difícil a los piratas.
El bucanero representa la
degradación de la idea romántica del pirata.
En el siglo XVII aparece una serie de
aventureros que llenan las costas americanas y que van en busca de fortuna. Son
mercaderes y negreros, bandidos y contrabandistas. Navegan por iniciativa
propia pero con dispensa pública de sus gobiernos respectivos. Se dedican casi
exclusivamente al saqueo de las riquezas obtenidas por los españoles, para su
propio provecho. A estos nuevos piratas, en España, se les llama herejes
luteranos por sus actividades, que se consideran no sólo ilegales, sino
violadoras de la fe católica. Tenían su cuartel general en las colonias
de Barbados yJamaica. Esta llegó a ser la isla más rica y
fuera de la ley del mundo. Los piratas se adueñaron de esas costas por espacio
de 200 años.
Algunos autores, películas y
obras literarias consideran que la piratería fue un factor decisivo en la
decadencia del Imperio español. Así Gonzalo Torrente
Ballester, en su novelaCrónica del rey
pasmado, pone en boca de un personaje que la única preocupación para
que la Flota de Indias llegara entera a Cádiz era que los corsarios ingleses no
llegaran primero.18 Sin embargo, esa opinión no es unánime
y muchos autores estiman que «la piratería tuvo muy poca influencia en la
marcha del Imperio».
Wolfram ZuMondfeld1 opina que la causa del empobrecimiento
la tuvo la opresión económica creada por el monopolio de comercio con la
metrópoli, monopolio ostentado por la Casa de Contratación. A esto ZuMondfeld
une la limitada capacidad productiva de España, que no podía atender todas las
demandas de utensilios, herramientas, enseres y demás mercancías demandados por
unas colonias que la superaban en mucho en extensión y población.
Germán Vázquez Chamorro hace
hincapié en que muchos de los más famosos piratas (como Anne Bone o Mary Read)
realmente atacaban barcos pesqueros o chalupas de escaso o nulo valor para la
corona española.19
Este mismo autor, comentando el
libro de Lucena Salmoral Piratas, corsarios y filibusteros,20 indica que la piratería descendía con
las firmas de tratados de paz, que hacían menos necesarios a los buitres
del mar. Así pasaban de los honrosos corsarios a filibusteros y finalmente a
viles piratas, a los que persiguieron y castigaron sin piedad en los siglos
XVII y XVIII, cuando ya no eran necesarios.
Mariano González-Arnao hace ver
que la posibilidad de que un barco pirata con 20 ó 30 hombres pudiera capturar
un galeón con 168 arcabuceros (más artilleros y marineros) sólo se puede dar en
obras de ficción.15
J. B. Black se suma a estos
puntos de vista de la siguiente manera:
En las guerras entre España e
Inglaterra, únicamente el ataque a las naves sueltas tuvo algún éxito.
Las Flotas del Tesoro triunfaron por su perfecta organización y
porque los españoles tenían un perfecto servicio de información. Admitamos que,
aparte de las presas menores, los marinos ingleses sólo en una ocasión pudieron
interceptar o apresar una de aquellas codiciadas flotas.
Fuerte de Cartagena de Indias,
Colombia. En contra de la creencia popular, ni los piratas ni los marinos de
otras naciones pudieron llegar a capturar siquiera el 1% de las flotas que
salieron desde el puerto caribeño.
En opinión de estos
historiadores, el empobrecimiento causado por los bandidos del mar, pese a
tener puntos de verdad, es más una deformación fruto de la literatura y la
filmografía.
En la Isla de la Tortuga (frente
a las costas de Haití, rodeada de islotes,
lo que hace que, a veces, sea mencionada en plural como Las Tortugas), los
bucaneros tuvieron una base internacional durante los siglos XVII y XVIII.
Formaban una asociación llamada Cofradía
de los Hermanos de la Costa. No se conoce el preciso origen de esta
cofradía, pero se sabe que llegó a elaborar una constitución que regiría sus
vidas. Se presume que era transmitida por tradición oral, ya que no se han
encontrado registros escritos al respecto. Tales preceptos son:21
— «Ni prejuicios de nacionalidad
ni de religión». En este punto, la coincidencia es general. Convivían
perfectamentecatólicos con protestantes e ingleses con franceses. Se
privilegia la individualidad como materia de crítica. Las guerras europeas y
sus odios no llegan a la Isla de la Tortuga.
No hay países, hay hermanos, pero cabe destacar que existían diferencias
lingüísticas que separaban a algunos grupos.
— «No existe la propiedad individual».
Entendiéndose por esto la propiedad de un determinado terreno. Quiere decir que
la isla es de todos y para todos; cabe destacar que los barcos de la cofradía
tampoco tenían un propietario fíjo.
— «La Cofradía no tiene
injerencia en la libertad de cada cual». Quiere decir que no habría impuestos
ni imposiciones de trabajos forzados ni código penal. Cualquier problema entre
hermanos debía solucionarse solamente entre ellos. La participación en
travesías es completamente voluntaria y no existirá obligación alguna cuando
llegue la hora de componer tripulaciones o armar un ejército.
— «Si un cofrade abandona la
sociedad, jamás será perseguido». Esta ley permitía libertad absoluta para
abandonar la cofradía en cuanto su integrante lo decidiera o volver a entrar si
lo quería.
— «No se admiten mujeres». Esta
ley sólo se aplicaba a la restricción de mujeres blancas en la isla, ya que
representaban un tipo de propiedad individual. Esta ley evitaba que se formaran
formas de vida estables que pusieran en peligro la libertad adquirida. Sólo se
admitían mujeres negras y esclavas, puesto que las esclavas no eran
consideradas personas que pudiesen «apresar» a un hombre en tareas indignas
para un hermano.
El espíritu libertario de esta
hermandad se modeló necesariamente en las propias características de las vidas
que habían llevado sus componentes: proscritos, forajidos y a los tipos más
crueles que se presentasen, gente por lo general perseguida, atormentada y
desarraigada, formularon leyes
que fomentaban la libertad de su propia sociedad. Los nombres más
conocidos de esta época son los de Michel de Grammont, Pierre
Legrand, Henry Morgan, El Olonés, Rock el Brasileño, Bartholomew Roberts y Edward Low. Muchos colonos insatisfechos con
el provecho que sacaban a sus tierras y deseosos de enriquecerse con rapidez,
se les unieron en sus hazañas.
Pintura de Jean Leon Gerome
Ferris (1863–1930), que interpreta la batalla entre Barbanegra y el teniente
Robert Maynard.
Lo más curioso de esta
constitución es la total ausencia de deberes. La Cofradía sólo teme a la
omnipotencia, la dictadura, la tiranía. Los nuevos integrantes eran
bienvenidos, ya que esta sociedad se hacía más fuerte cuanto más numerosa.
Hubo un pirata con vocación de
escritor, llamado Alexander
Olivier Exquemelin, que ha dejado un verdadero tesoro histórico en
su obra Los piratas de América o Bucaneros de América. Describe
a los piratas, la geografía por donde se movían, la historia de muchos de
ellos, sociedad, costumbres y recompensas.
Otro tipo de bandidos del mar
fueron los «filibusteros»,
especialistas tanto en el robo y pillaje de barcos españoles como en introducir
mercancías de contrabando, sobre todo en Cuba y en las islas cercanas. No hay
unanimidad respecto al origen de la palabra. Unos la derivan del inglés free booter, merodeadores del mar.
Otros afirman que puede venir del nombre de los buques ligeros fabricados en la
zona de Las Tortugas, muy veloces por su proa afilada, por lo que eran
llamadas fly-boats y a los que los españoles llamaban filibotes.
Existe una tercera versión, más inverosímil, que sostiene que pudo surgir de
una hermandad pirata fundada en Las Tortugas, la hermandad de los hijos de los
botes o filiboat. En cualquier caso, se trataba de tipos sin escrúpulos
como sus anteriores colegas, pero tenían costumbres distintas, pues esta nueva
especie liquidaba rápidamente el botín conseguido para empezar de nuevo la
aventura del pillaje. Tenían a gala un lema: «Contamos con el día en que
vivimos y nunca con el que habremos de vivir». Belice fue un importante refugio filibustero durante
el siglo XVII. Aunque pertenecía a la Capitanía General de Guatemala, los filibusteros encontraron fácil
acomodo allí al estar su costa resguardada por arrecifes y de difícil acceso a
través del continente.
A partir del año 1697, parte de
la piratería se trasladó a América del Norte y parte al continente asiático,
al mar Rojo y la costa de Malabar, con su base de operaciones en la isla
de Madagascar. En Asia, el nuevo escenario es
el mar de la India.
El corso británico vuelve a tomar la patente y surgen figuras como Avery y
Kidd. En el Extremo Oriente persiste la actividad de piratas portugueses,
holandeses y británicos y sus andanzas visitan los mares de la India, China,
Japón, Malasia y Borneo.
En toda esta selva de piratería
hay un personaje insólito que representa el auténtico romanticismo pirata.
El Capitán Misson,
de nacionalidad francesa, era un idealista, preocupado por la justicia, por
construir un estado utópico en alguna isla del Océano Índico. Se ha dicho de él
que es un equivalente al Quijote en el mundo
de la piratería. Sus biógrafos cuentan que siempre repartía equitativamente el
botín entre su gente y que dejaba en libertad al capitán de la nave apresada.
Misson aparece sólo en la obra de Charles
Johnson, cuyo cuento de Misson no conviene con los datos
disponibles; por eso, la mayoría de los historiadores de la piratería
consideran a Misson un mito.
Piratas del pacífico español
siglo XVII[editar · editar código]
Año 1600. Oliverio van Noort. Conocido
en España como Oliverio Nort.
Año 1615. Joris van Spilbergen. Conocido
en España como Jorge Spilberg.
Año 1624. Jacques L'Hermite. Conocido
en España como Jacobo Heremita Clerk.
Año 1643. Hendrick Brouwer. Conocido en España como
Enrique Breaout.
Edad Contemporánea[editar · editar
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El fenómeno de la piratería ya
estaba muy disminuido a medida que los Estados podían fletar armadas nacionales
sin recurrir a los corsarios. Al mismo tiempo, la progresiva organización y
fortificación de las colonias y colonización de nuevas tierras como África
cierra las posibilidades a los buitres del mar de atacar posiciones en tierra.
Sin embargo, la piratería
continúa existiendo.
Siglo XIX: las costas chilenas[editar · editar
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Al producirse la guerra de
independencia de Chile, los habitantes del archipiélago
de Chiloé tomaron partido por el bando realista y
se enfrentaron a los independentistas en el territorio continental. Además, a
partir de 1817, el gobernador de las islas, Antonio Quintanilla,
le dio patente de corso a Mateo Mainery y su bergantín General
Quintanilla para que hostilizaran a los mercantes chilenos. A principios
de 1818 la independencia de Chile estaba consolidada, pero Chiloé no pudo ser
derrotado entonces y las andanzas de corso contra los chilenos y la piratería
contra barcos de otras banderas se extendieron hasta 1824.
Siglo XIX: piratería en Estados
Unidos[editar · editar código]
A partir de 1850 los
piratas son aún más acosados con la ayuda de adelantos técnicos y militares.
Los ladrones del mar se ven impotentes, sobre todo ante el avance de los medios
de comunicación y el aumento en el calibre y la precisión de las organizaciones
defensivas.
En la América hispana se mezclan
los idealistas, contrabandistas, mercenarios y negreros y luchan al lado de los
independentistas que quieren liberarse de la Corona española. Actúan
desde Florida, donde los filibusteros
estadounidenses acosan los barcos españoles. Los historiadores ven en este
proceder un antecedente para la guerra de
Cuba.
Bandera de Florida. Desde esta
península americana salieron varias expediciones de filibusteros
estadounidenses.
Los investigadores y analistas
de la piratería señalan que éste no es un asunto resuelto aún y que sigue
actuando de maneras diversas.
A mediados del siglo XIX, una
nueva ideología se une a las anteriores compartidas en mayor o menor medida por
los piratas. Es laDoctrina
del destino manifiesto invocado por el gobierno estadounidense.
Siguiendo esta doctrina, y teniendo en cuenta que la práctica totalidad de la
superficie continental estaba dominada y anexionada, América Central era el
próximo objetivo de los norteamericanos y el modelo era el Estado de Texas.
El caso texano consistió en
inmigrar al territorio mexicano, proclamarlo independiente en violación del
juramento de lealtad al gobierno mexicano, vencer al ejército mexicano
(incluido el capítulo de la Batalla de El Álamo profusamente
mitificado por los estadounidenses) y, una vez obtenida la plena soberanía,
anexarlo a Estados Unidos.
De acuerdo con Juan A. Sánchez Giménez, éste resume: parece un
maquiavélico plan bastante premeditado y en cierto modo lo era.22
Siguiendo el éxito anterior,
Estados Unidos pretendía crear un imperio tropical, especialmente en los
Estados del Sur, que formaría los efímeros Estados
Confederados de América. A este fin se prestaron hombres de mar
como John
Quitman o Narciso López, de origen venezolano, que
planearon invadir Cuba, proclamarla independiente de España y unirse a la
emergente potencia mundial.
Personas como los citados
volvieron a poner en uso el viejo término de filibustero sin ninguna
connotación peyorativa en aquella época.
Quizá el más famoso de todos
aquellos filibusteros, pese a su corta vida, sea William Walker, quien realizó tres
expediciones para tomar distintas partes de América Central.
En la primera de aquellas
incursiones y a sus 28 años conquistó La Paz, capital de la península de
California, en 1853 con 45 hombres y
proclamó la República de la Baja California. Poco después la uniría a la
recién creada República de Sonora, proclamándose él como presidente. El
ejército mexicano lo derrotó y cruzó a Estados Unidos por la frontera. Fue
juzgado y en el jurado se puede apreciar la influencia de la Doctrina del
Destino Manifiesto, pues sólo tardaron un minuto en decidir que era inocente de
haber provocado una guerra ilegal.
En 1855 se
lanza a la conquista de Nicaragua con sus
58 Inmortales, 170 nicaragüenses y 100 norteamericanos. Vence al ejército
nicaragüense el 1 de septiembre; pero en esta ocasión se muestra más prudente y
nombra como presidente a Patricio Rivas. Pero el resultado no dista
mucho del anterior, Nicaragua es invadida por 2.500 hombres de Costa Rica y Walker es vencido en Santa
Rosa y Rivas. Posteriormente se celebran elecciones, pero las elecciones son
amañadas por Walker y éste sale elegido.
Sin embargo, esta serie de
acciones son vistas como peligrosas por países centroamericanos al percibirlas
como una amenaza para su soberanía, y los ejércitos de Costa Rica y El Salvador
lo derrotan y huye en 1857. En noviembre vuelve a
ser juzgado en Estados Unidos y se vuelve a apreciar la creencia estadounidense
de estar en su derecho de querer anexionar esas tierras, pues Walker es
absuelto.
En su tercera expedición a Honduras en 1860 no
tiene tanta suerte y es capturado por Nowel
Salman de la Marina Real Británica.
Fue juzgado en Honduras y fusilado ese mismo año.
Pese a ser acogido como un héroe
en los Estados del Sur, Walker actualmente es un olvidado en Estados Unidos, no
así en Centroamérica, donde las guerras contra él pueden ser, como indica Juan
A. Sánchez Giménez, el equivalente a las Guerras
de la Independencia del resto de las ex-colonias españolas que
los pueblos de América Central no vivieron.22
Piratería en los siglos XX y XXI
El MV Sirius Star.
Durante el siglo XX, la
piratería, ejercida de forma sistemática, está concentrada a reductos del Tercer Mundo. Los países que, se estima,
albergan más piratas son Somalia, Indonesia y Malasia. En especial alrededor de Asia y
en particular en el estrecho de Malaca,
un estrecho canal entre estos dos últimos países y Malasia. En 2004,
los gobiernos de éstos tres países acordaron incrementar la protección de las
naves que lo atravesaban.
En el siglo XXI, los ataques piratas se realizan con
apoyo del GPS y se dedican a robar las cámaras
digitales y otros objetos de valor a los turistas.20 Su zona de actuación siguen siendo las
mismas que en el siglo XX (sureste asiático, el Cuerno de Áfricaprincipalmente),
donde los Estados no tienen verdadera jurisdicción y, a veces, ni siquiera el
poder para controlar a sus fuerzas, ya sean de seguridad o armadas.
Los actos llamados de piratería
para barcos de gran tonelaje son muy escasos en el Atlántico, buena parte del
Pacífico y de gran incidencia en la costa oriental de África.23 La piratería también afecta a las
aguas de Somalia y Nigeria y, en menor escala, en algunas
costas de América del Sur.
Se pueden citar:
Lancha con piratas somalíes a
bordo.
Entre 1994 y 1995, Canadá y España mantuvieron una disputa,
llamada guerra del fletán,
cuando la marina de guerra del primer país atrapó y remolcó a uno de sus
puertos a un pesquero de altura español cuando faenaba en aguas
internacionales. El gobierno canadiense acusó a los pescadores españoles de
expoliar el caladero de fletán negro.
España consideró este apresamiento como un acto de piratería, a lo que
respondió con el envío de un patrullero de altura de la Armada. Por su parte, Canadá amenazó con
considerarlo un acto de guerra y unos pescadores ingleses capturaron otro
pesquero español e izaron en él la bandera canadiense.
En 1995 varios barcos españoles
apresaron un pesquero francés por faenar con redes ilegales de un kilometraje
superior al permitido. Como en el caso anterior, Francia lo calificó como un
acto de piratería.
En 2008 piratas somalíes capturaron,
en el océano Índico,
el buque petrolero más
grande jamás secuestrado: el Sirius Star, que transportaba dos millones de
barriles de petróleo a los Estados Unidos.23
Producto de los continuos actos
de pirateria en la zona, la Quinta Flota de los Estados Unidos desplegada en la zona
anunció la creación de una fuerza marítima multinacional denominada CTF-151
para enero de 2009 para enfrentar dicha situación. En ella participarán 20
países y el área de operaciones comprenderá el Golfo de Adén, el Mar Rojo, elOcéano Índico y
el Mar Arábigo, ya que
sólo en el 2008 se registraron alrededor de una centena de naves atacadas en
las cercanías de la costa de Somalia.24 Por su parte, los piratas somalíes,
autodenominados en un principio como «Guardia Costera Voluntaria de Somalia»,
la mayoría pescadores, denuncian que los verdaderos bandidos del mar son
los pescadores clandestinos que saquean nuestros peces, en clara alusión a los
barcos pesqueros de países desarrollados, y recuerdan a su vez, el grave
problema de contaminación que sufren debido al vertido de sustancias
contaminantes (radioactivas entre ellas) que estos países realizan en su
litoral.25
En cambio, la piratería es un
problema casi endémico en las aguas del sureste asiático. Para luchar contra
ella, Japón y otras naciones de la zona
realizan maniobras para entrenar a sus fuerzas en la lucha contra la piratería
y el rescate de embarcaciones, como la llevada a cabo a principios de febrero
de 2007.26
Asimismo, la piratería aérea ha
tomado protagonismo en los siglos XX y XXI.
Referencia popular
En la imaginación moderna, los
piratas eran rebeldes. Grupos inteligentes que operaban fuera de la ley y
la burocracia de la vida moderna. La imagen
de los piratas se asocia frecuentemente con el izado de la Jolly Roger, nombre de la tradicional bandera
de piratas europeos y americanos, y un símbolo que ha sido adoptado por las
grandes producciones cinematográficas y en la creación de peluches y juguetes.
A diferencia de las
tradicionales sociedades occidentales de la época, muchas tripulaciones de
piratas caribeños de descendencia Europea operaban como democraciaslimitadas. Las comunidades Pirata
fueron las primeras que instalaron un sistema de controles y contrapesos
(checks and balances) similar al usado hoy día por los Estados Unidos de
Norteamérica y muchos otros países. El primer registro de dicha forma de
gobierno de una organización pirata data del siglo XVII.
Tanto el capitán como el oficial
de intendencia eran elegidos por la tripulación; ellos, por
turnos, elegían a los otros oficiales de la embarcación. El capitán de un barco
pirata era a menudo un fiero luchador en el que los hombres podían depositar su
confianza, más que una figura de autoridad tradicional. Sin embargo, cuando no
estaban en batalla, el peso de la autoridad solía recaer en el oficial de
intendencia. Muchos grupos de piratas compartían totalmente el botín; incluso
los piratas heridos en batalla recibían una compensación monetaria como si de
un seguro médico o de discapacidad se tratase.
Hay registros de la época que
indican que muchos piratas colocaban una porción de sus riquezas en un fondo
central que se usaba para compensar las lesiones sufridas por la tripulación.
Las listas muestras unos pagos estandarizados de hasta 600 piezas de a ocho
(156.000$ de la actualidad) por la pérdida de una pierna, a 100 piezas
(26.800$) por perder un ojo. A menudo, todos estos términos fueron acordados y
escritos por los propios piratas, pero estos artículos del código pirata de
Brethren también se podrían utilizar como prueba incriminatoria
de que actuaban fuera de la ley.
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